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RSS | ed. impresa | Regístrate | Sábado, 11 febrero 2012

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El bloque ¿maldito?
07.10.07 -
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«Ahora estamos tranquilos, pero no sé por cuánto tiempo». Maika Ramajo vive en el piso inmediatamente inferior al de Ana Isabel; en uno de los bloques que por una extraña paradoja fue bautizado por el constructor con el desafortunado nombre de 'Urbanización Paraíso'. Maika confiesa que ha llegado a sentir «miedo» ante la actitud de su vecina de bloque, por lo que decidió retrasar hasta hace bien poco la mudanza a su nuevo piso. «Esta persona fue la primera con la que tropecé en la comunidad. Vi lo que había... y decidí que no podía vivir a su lado».

La joven, que asegura haber recibido «amenazas directas» de su vecina, ha sido una de las residentes más beligerantes contra el comportamiento de Ana Isabel.

«Nos sacudía todos los pelos de los gatos en el balcón y nos inundaba la terraza. El ruido y los portazos eran insoportables. Había días que tenía la música a todo volumen desde las ocho de la mañana hasta las dos de la madrugada. Llegó a cambiar la televisión de habitación para que estuviese encima de nuestro dormitorio», relata Ramajo.

Especialmente difícil ha sido la «persecución» padecida por otra de las vecinas. En su demanda, Gonzalo Juez hacía hincapié en los «ataques» sufridos por la mujer, que han derivado en un «grave trastorno psíquico del que ha sido sometida a tratamiento psicológico y psiquiátrico». En una de las ocasiones, la mujer se encontró el buzón «lleno de escupitajos y heces de gatos»; otro día, apareció «un pájaro muerto colgado del pomo de su puerta». Esta vecina llegó a denunciar a Ana Isabel a la Guardia Civil, después de que ésta le cortara presuntamente la cara «con una llave». Ante esta situación, la mujer decidió acudir al domicilio sólo los fines de semana. Estaba completamente atemorizada.

'Mobbing inmobiliario'

Otro vecino decidió cortar por lo sano. Vendió la vivienda y se trasladó a vivir a otra provincia, harto de no poder disfrutar de un momento de tranquilidad en su propia casa.

«Otros están tratando de hacer lo mismo, pero no lo consiguen porque se ha corrido la voz por todo Castro Urdiales. Las inmobiliarias advierten a los posibles compradores del problema», señala Juez, que cree que el caso puede ser constitutivo de 'mobbing' inmobiliario. «De hecho, el vecino que vendió tuvo que bajar el precio por debajo del mercado y perdió dinero», apunta.

El «acoso» sufrido por los inquilinos ha generado un «estrés psicológico» para muchos de ellos, que no podían dar crédito a las «denuncias falsas» en las que se veían inmersos. Un inquilino, por ejemplo, fue demandado por acoso sexual o por escribir carteles insultantes contra Ana Isabel que nunca salieron de su puño y letra. En su balcón, además de pelos de gato, apareció en una ocasión una jeringuilla; al poco tiempo, fue denunciado «por drogadicto». En otra ocasión sufrió los efectos de un «spray antidefensa».

De ahí que todos, y entre ellos, Gonzalo Juez, se muestren ahora satisfechos por la sentencia, aunque creen que la Fiscalía debería «tomar cartas en el asunto» para evitar «este uso indebido y abusivo de la Justicia gratuita». Pero esa, la del uso y abuso de los turnos de oficio, es otro cantar. También de muchos decibelios.
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