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RSS | ed. impresa | Regístrate | Sábado, 4 febrero 2012

Cultura

ARTE
En el umbral de la memoria
Los cinco frescos restaurados del pintor santanderino Luis Quintanilla, un poético alegato contra la guerra, se exhiben al público en el Paraninfo de la UC
11.10.07 -
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En el umbral de la memoria
El patio del Paraninfo acoge los cinco frescos de Quintanilla tras un largo y novelesco periplo. / B.MORENO
El poema mural contra las guerras ya tiene su templo. El simbolista políptico de Luis Quintanilla, 'Hambre', 'Destrucción', 'Soldados', 'Dolor' y 'Huida', fragmentos de historia azarosa y novelesca pertenecientes a una obra de conjunto que el artista tituló 'Ama la paz y odia la guerra', habitan ya de manera pública en el Paraninfo de la Universidad de Cantabria. El espacio académico acoge las cinco piezas alegóricas, frescos de una composición monumental que conviven desde ahora en la sede universitaria, en el corazón de la capital cántabra, junto a las 'nubes de papel' de Agustín Ibarrola, en un todo expresivo contra la violencia y las guerras.

Hasta la inauguración de ayer la obra de Quintanilla ha estado marcada por un trayecto de «fondo dramático», olvidos, causalidades, azares, anécdotas y rescates que han precedido al hallazgo, la recuperación y restauración de «este patrimonio de la memoria histórica» y a la reivindicación de «un artista que el exilio nos había robado», tal como subrayó a la historiadora Esther Sobrado, una de las artífices de este proyecto.

Casi setenta años después de que los frescos de Luis Quintanilla, conocidos como 'los otros Guernicas', fueran expuestos en la exposición de 1940 en Nueva York, donde se mostraron al público por segunda y última vez, reviven en el umbral del Paraninfo, espacio destinado ahora a su exposición permanente. Atrás queda una sucesión de avatares y desventuras que no han alterado, sino revalorizado el sentido poético, la carga simbólica y la profundidad histórica de una creación que «denuncia el dolor, la destrucción y el horror que una guerra produce siempre, y la desolación que inevitablemente deja tras de sí».

La ceremonia institucional de ayer puso punto final a un interminable proceso que se inició con las extensas y arduas negociaciones destinadas a la adquisición de los históricos frescos, más su consiguiente traslado el pasado mes de febrero y la restauración durante este verano.

La breve ceremonia inaugural, que estuvo presidida por el jefe del Ejecutivo cántabro Miguel Angel Revilla, el rector de la UC, Federico Gutiérrez-Solana, y el secretario de Estado de Universidades e Investigación, Miguel Angel Quintanilla, junto con el director del programa de apoyo a las universidades del Santander, José Manuel Moreno, cierra un largo y laborioso viaje por el arte y la historia. El traslado a Nueva York de representantes de la UC a principios de febrero dio por finalizado un proceso de rescate y compra de los frescos de uno de los artistas españoles «más insignes y también más olvidados debido a los avatares políticos que le tocaron vivir».

Las piezas son cinco enormes paneles, pintados sobre placas de hormigón y mármol. Un «gran exponente de sensibilidad» sobre la «sinrazón y la pérdida de los valores asociada a la guerra», según la definición expresada ayer por el rector de la institución académica, en el acto de presentación al que asistieron representantes del mundo de la política, la vida académica, el arte y la cultura.

A juicio del presidente del Gobierno de Cantabria, «los cuadros de Quintanilla siguen siendo por desgracia absolutamente vigentes», a pesar de haberse creado inspirados en la Guerra Civil, «ya que hoy mismo nos desayunamos con que psicópatas enloquecidos intentan quebrar la paz y la convivencia», dijo en referencia a los últimos brotes del terrorismo etarra.

Espacio de culto

Tras su traslado desde un garaje neoyorquino en el que se encontraban apilados entre bicicletas, los murales ahora restaurados pueden ser contemplados ya por los ciudadanos y las visitas escolares, de tal modo que el patio central del Paraninfo se convierte «en un espacio de culto contra la violencia», tal y como destacó el representante del Santander.

Por su parte, el secretario de Estado de Universidades consideró que estas obras, que constituyen «un alegato en favor de la paz, transmiten un mensaje potentísimo y un sentimiento de tristeza por ver reducida la condición humana a la de un mineral».

El coordinador de exposiciones, Javier Gómez se refirió en la presentación a la novelesca vida de Quintanilla y de su propia obra; a «las desventuras de los frescos y de su autor como un sexto mural, intangible, que se suma a los cinco que hoy, al fin, nos rodean»; y subrayó que ese pasado histórico «se conjuga como pretérito perfecto, es decir, acabado, cerrado, y que, bajo ningún concepto, puede ser reeditado». Esther López Sobrado, por su parte, volvió a destacar la sucesión de avatares sufridos por las pinturas; y agradeció la labor de la Fundación Bruno Alonso, «depositaria del legado de Paul Quintanilla». La historiadora destacó «la belleza de los delicados colores empleados, aplicados sobre un mortero de cal con polvo de mármol, según el mismo sistema utilizado por Miguel Ángel en la Capilla Sixtina».

Finalmente, Guadalupe Carramiñana, del Instituto de Restauración del Patrimonio de la Universidad Politécnica de Valencia, aludió a la «bonita, pero larga y complicada» labor de limpieza de los frescos, a la hora de ser sometidos a una detallada operación de recuperación.

La historia de estas obras está ligada a la Exposición Universal de Nueva York. El gobierno de la República encargó a un equipo de artistas la decoración del Pabellón español en esta muestra internacional. La victoria franquista pocos meses después del encargo, impidió su exposición, y fue el propio artista, que vivió la mayor parte de su vida en el exilio, quien difundió la noticia de que los frescos se habían perdido en una inundación para protegerlos. Los murales aparecieron en 1990 en los pasillos de un cine porno del 'Village' neoyorquino con agujeros, graffitis y «llenos de heridas».
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