El joyero Francisco Javier M. P., propietario de un taller de joyería artesano situado en Santander, compró por 600 euros dos monedas de oro antiguas (una de 50 pesos mejicanos de 1821 y otra de Isabel II de 1854), un cristo de Dalí de oro y tres sortijas con brillantes tasadas en 8.118 euros, cuando el valor de tasación ha sido establecido en 8.118 euros. Las joyas habían sido robadas en el domicilio de su propietaria sin violencia, intimidación o fuerza en las cosas.
El acusado adujo que había comprado el oro a peso para fundirlo y hacer con él joyas, cuando las dos monedas de oro valían más por su antigüedad que por el oro, y ni siquiera las tenía en su taller, sino guardadas en casa y a buen recaudo.







