
asfaltado hace unas semanas atrás para cubrir los agujeros del tiempo.
La Fórmula 1 enseña una virtud por encima de las demás. Vende el producto como nadie. Tomen nota de los invitados a las ruedas de Prensa. Ayer, Alonso, Hamilton, Raikkonen y Massa. Hoy, Ron Dennis (McLaren), Jean Todt (Ferrari) y Flavio Briatore (Renault). Por si faltaba algún condimento, el ingenio latino de Briatore para interceder en el gran duelo de Interlagos.
Los siete protagonistas, los que hubiera elegido cualquier periodista del mundo, frente a la destreza de la canallesca. Y en ese contexto, Fernando Alonso y Lewis Hamilton se declararon 'amor express'. Veinticuatro horas de cordialidad. Amigos hasta mañana, cuando la calificación, el cómputo de las vueltas extra, las estrategias de equipo se combinen con la ambición de los pilotos por ganar y se prenda el incendio en el lugar más inesperado. Basta con esperar unas horas.
«Mejor que nunca»
«Nuestra relación está mejor que nunca», dijo Hamilton, sonriente y feliz, buscando con la mirada la aprobación de Alonso, que jugueteaba con un anillo en la misma mesa donde el inglés había aparcado sus gafas italianas. Y el español buceó en las mismas aguas, cogidos de la mano ante la opinión pública mundial. «La gente ha dicho muchas, muchísimas cosas sobre nosotros
que no son verdad. Nunca hemos tenido verdaderos problemas el uno con el otro». Guiño a su compañero y enemigo, y los dos tan felices, mientras Raikkonen y Massa quedaron esta vez en el papel de comparsas. El brasileño,
mucho más feliz, claro, después de su renovación hasta 2010 con Ferrari.
Los periodistas hacinados en la minúscula sala de Prensa sin aire
acondicionado se miraban atónitos ante tales muestras de afecto. Las ruedas de Prensa suelen servir para lanzar mensajes políticamente correctos, neutros, ningún piloto se mete en problemas de forma gratuita, pero ese roce
tan cariñoso...
Así que la mecha que ha prendido en España contra Lewis Hamilton -un fantástico piloto, especie de demonio para el público- se transformó ayer en Interlagos en almíbar con el título a la vista. «Evidentemente estamos luchando en la pista con todo lo que tenemos, pero fuera de ella tenemos una buena relación», repitió Alonso, cuya medida de la situación dejó más bocas entreabiertas. «No se necesita un comisario en el garaje de McLaren», aseguró a propósito de la petición de la Federación Española para que la FIA protegiese sus intereses dentro de su propio equipo.
El mundo al revés
El mundo, al revés. En vez de tensión y cuchillos, azúcar en la primera comparecencia del fin de semana brasileño. «El incidente de China me ha hecho más fuerte» garantizó Hamilton. «No se me pasa por la cabeza no ganar el título», comentó el debutante.
De repente, se ha hecho la paz en el campamento McLaren. No ha llegado Ron Dennis, ni se sabe nada del comisario político. Alonso y Hamilton comparten sonrisas, pero ojo al dato, que diría el otro: aún no se han subido a los
coches.
Y por detrás flota la otra cuestión: el futuro de Alonso. Asunto redundante. «No sé por qué el rumor de Renault ha ido creciendo y creciendo. No hay nada apalabrado. Es la única realidad que tengo un contrato con McLaren -dijo el asturiano-. Y si me cambio, Renault no tiene por qué ser la primera opción. Hay más equipos». A esto replicó ayer, en el teatrillo de las vanidades y la propaganda, Flavio Briatore, el jefe de Renault del que se dice que aún conserva un elevado porcentaje en los derechos comerciales de Alonso.
«Fernando tiene que ir a un equipo que conozca», aseguró irónico. «Pues conoce dos», se le responde. «Por supuesto, por supuesto. Pues eso».




