
Bélgica sigue sin gobierno 153 días después de celebradas las últimas legislativas, el 10 de junio pasado, y no se vislumbra en el horizonte una solución para los problemas de todo orden que la proyectada coalición de gobierno, formada por socialcristianos y liberales, está encontrando en sus largas negociaciones.
El país continúa siendo dirigido por un gobierno en funciones de liberales y socialistas y existe una apariencia generalizada de normalidad, debida, en buena medida, a la situación de descentralización del país. Los gobiernos de Flandes, Valonia y Bruselas continúan trabajando y hacen frente de la manera habitual a sus extensas responsabilidades.
Esta semana, no obstante, el rey Alberto II ha terciado en la polémica, reclamando una rápida formación del nuevo Gobierno y la postergación de los debates institucionales, en particular la escisión del distrito electoral Bruselas-Hal-Vilvorde (BHV), a fechas ulteriores.
En un mensaje de Palacio considerado por los flamencos escorado del lado de los intereses francófonos, Alberto II ha invocado la «credibilidad de Bélgica» y la «necesaria cohesión del país», para reclamar a Yves Leterme, el flamenco ganador de las elecciones que lidera las negociaciones en curso, la formación inmediata de un nuevo gobierno federal.
Aspiraciones flamencas
Además, el rey ha pedido a los presidentes de las Cámaras, Congreso y Senado, el lanzamiento de un diálogo interinstitucional «para continuar con el desarrollo equilibrado de nuestras instituciones y el refuerzo de la cohesión entre las comunidades (del país)».
La iniciativa real busca canalizar las aspiraciones flamencas de reforma del Estado, pero en el marco de la solidaridad interregional, factor clave, este, para los valones.
El diseño de escenarios de compromiso se vería largamente demorado si la clase política siguiera la indicación real, lo que desagrada a los flamencos de centro y de derechas, fuertemente presionados por los grupos nacionalistas (NV-A y Spirit) y por las extremas derechas del Vlaams Belang y la Lijst Dedecker, que quieren la reforma inmediata del Estado belga.
Tal reforma, que convertiría al reino de Bélgica en un estado confederal, parece harto improbable, de modo que los flamencos están poniendo toda la presión posible sobre la escisión de la circunscripción electoral de BHV. Sin embargo, los valones consideran que si esa escisión tiene lugar marcará el comienzo del fin de Bélgica. Lo creen así uno de cada dos francófonos.
Escisión problemática
En un golpe de efecto, los diputados flamencos votaron el martes en la Comisión de la Cámara el proyecto de división de la circunscripción electoral, con los escaños francófonos vacíos. Y el viernes, el parlamento valón adoptó con la única abstención de tres electos del Frente Nacional (que representa a la extrema derecha del sur del país), una propuesta de moción sobre un conflicto de intereses a cuenta de la proyectada escisión de BHV.
El dosier BHV comporta, en sí mismo, las contradicciones y paradojas del sistema belga resultante de la escisión del país en territorios lingüísticos. Para los flamencos, la circunscripción es una cuña de la francofonía en pleno territorio flamenco. Electores francófonos y otros no flamencos pueden votar en ella a candidatos francófonos y, además, la lengua francesa está experimentando una progresión real en territorio flamenco.
Los francófonos, en cambio, consideran que la periferia de Bruselas debería ser mucho más extensa que lo que es, y el régimen bilingüe estatuido en ella desde los años sesenta generalizado al nuevo territorio, que los flamencos no aceptan ceder.




