
A loa vez, voluntarios de la organización informaban de los motivos para oponerse a la fiesta,describiendo una corrida: la puya y las banderillas «les desgarrarán tejidos internos, por lo que quedarán debilitados»; la espada «les destrozará pulmones, hígado, diafragma o corazón» y si aquélla no es suficiente, se le clavará el descabello «que penetran entre las cervicales e intentan seccionar la médula espinal y dejar al toro incapaz de moverse, «siendo común que lleguen aún vivos al matadero».







