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Sociedad

DOMINGO - I
Sólo calcetines con rayas de color
30.12.07 -

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Sólo calcetines con rayas de color
JUAN CARLOS FLORES-GISPERT N o es por nada, salvo por molestar, pero la gente se trastorna en Navidad. Se gasta una fortuna en comidas, regalos y tonterías pol estilo. Y hasta deciden jubilarse. Julio Bocca, el internacional bailarín argentino, ha decidido bajarse de los escenarios porque ha cumplido ya los 40 años. Yo he visto en Santander a Bocca varias veces. En una de sus estancias en la capital cántabra, contratado por el Festival Internacional de Santander que dirigía y dirige José Luis Ocejo, Bocca debía bailar con su pareja durante varios años, Eleonora Cassano, de la que se decía que eran más que amigos y residentes en Buenos Aires. O sea, que eran novios. En aquel verano, Ocejo organizó una comida de periodistas con el astro-bailarín en la terraza del Hotel Roma, en El Sardinero. No faltamos ninguno. Poder charlar con Bocca en torno a una merlucita no es algo que pase todos los días. Nos dejó como rapes boquiabiertos porque no se presentó. Estaba cansado, dijo. Cosas de artistas sin educación. La comida se convirtió en reunión de amigos de la prensa.

Estas navidades he conseguido hacer cosas que quería. Como ir al concierto del grupo coral A Cappella, dirigido por Manuel Galán, en la catedral, con presencia del obispo, Vicente Jiménez. La actuación del Día de Navidad fue un lujazo. Cosas que no he hecho en Navidad y no pensaba hacer: ir a ver a las Spice Girls, que no puedo soportar, en especial a madame Beckham (de soltera Victoria Adams), que junto con su millonario marido (que aparece en calzoncillos marcando paquete), se dedica a despilfarrar dinero sin respeto hacia los que malviven en el mundo. Algo así como la querida Paris Hilton. Especies invasoras del mal gusto, que llenan el mundo como los plumeros las fincas de Cantabria. Al menos, las citadas no hacen obras de caridad. Ya lo dice la periodista Donata Bustamante: «hay mucho tartufo en el mundo». Juan Ruiz, padre y tío de periodistas cántabros, vecino de la calle Castilla de Santander, seguro que me da la razón.

Ya tengo en mi poder la revista del Suite Hotel Palacio del Mar, con todos los cotilleos gráficos anuales, desde las bodas de unos cuantos no famosos, a los famosuelos locales, pasando por toreros, artistas, políticos con esmoquin y hasta Elías, el párroco de Potes. La revista y las felicitaciones me las envían Juan Renedo y su hija Leticia.

A estas alturas del año, y cuando queda poquito para comenzar 2008 sólo tengo un deseo: poder publicar mi libro sobre la Historia de los Transportes Urbanos de Santander. Para el nuevo año he tomado una decisión. Nada de gimnasio para bajar michelines, nada de dietas, nada de estudiar inglés y nada de las metas que se proponen otros. No. Yo he decidido cambiar mi vestuario. A partir de ahora sólo calcetines de rayas de colores. Por llamar la atención. Mi asistenta cubana Daisy me mira y remira y piensa «mi amol, otro extravagante». Pero ya saben, los extravagantes viven más. Mi Daisy, mi puchunga, me mira y exhibe un recorte de EL DIARIO MONTAÑéS, en el que Emilio Botín, presidente del banco Santander dice que no se jubila y eso que tiene 70 años. Gente seria. Despedida a la clásica: ¿Feliz 2008! Salud, dinero y amor. Y para los ausentes va este bolero de Los Panchos: «Espérame en el cielo corazón si es que te vas primero/espérame en el cielo corazón para empezar de nuevo». Dedicado especialmente a Victoria Soto y Alberto Lemaur.
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