
LA FICHA
Media de 160 gramos de CO2
Después vinieron las reacciones de los Gobiernos europeos que, una vez más, escenificaron la ceremonia de la división respecto a la propuesta. De una parte están Alemania y Reino Unido que, al fabricar los coches más grandes y pesados de Europa, se convierten en los más contaminantes y, por tanto, los más afectados por la nueva regulación.
La propia canciller alemana, Angela Merkel, normalmente defensora de las medidas de lucha contra el cambio climático, fue la primera en asegurar que en Bruselas no se podía legislar en contra de la industria alemana, de la que dependen millones de puestos de trabajo directos e indirectos en ese país.
Reino Unido, que al principio tuvo una actitud neutra respecto a los planes de Bruselas, se ha alineado con Alemania al criticar la propuesta.
En el otro lado están países como Italia, Francia y España, que, especializados en la fabricación de coches pequeños, ven como una buena oportunidad la nueva propuesta ya que sus vehículos no subirán de precio y, por tanto, ganarán cuota de mercado.
Los primeros cálculos cifran en 1.300 euros el aumento medio del precio que sufrirán los coches como consecuencia de los cambios que se tendrán que hacer en los motores para conseguir que sean menos contaminantes, aunque se cree que habrá un ahorro de 2.700 euros en combustible a lo largo de toda la vida del coche.
Propuesta alemana
El Consejo de Ministros de Industria de la Unión Europea será el primero que tenga que opinar sobre la nueva regulación que, además, deberá pasar el filtro del Parlamento Europeo. Alemania, con el comisario europeo de Empresa e Industria en cabeza, Günter Verheugen, ya prepara su contrapropuesta para que la nueva normativa sobre fabricación de coches nuevos no suponga un tiro en la línea de flotación de su principal industria.
El planteamiento de Bruselas es que los coches más pesados tendrán que reducir más las emisiones de CO2 que los más ligeros, ya que contaminan más, mediante un cálculo matemático. Los fabricantes que no cumplan con los objetivos impuestos tendrán que pagar unas sanciones progresivas de 20, 30, 60 y 95 euros anuales por cada gramo de más que emitan sus vehículos a partir del año 2012 y hasta 2015.
Los fabricantes podrían decidir incorporar estas sanciones en el precio final, de modo que el más contaminante pague más, aunque al tratarse de los vehículos de gama alta, el elevado poder adquisitivo de los compradores no se prevé que repercuta en la demanda




