
El trabajo se estructura en cuatro grandes bloques. En primer lugar, se presenta una recopilación de textos de autores 'de referencia', como el de Ángel de Miguel Palomino, uno de los grandes defensores de la raza y quien tiene un estudio detallado sobre las vacas pasiegas que en su momento fue publicado en los Anales del Instituto de Estudios Agropecuarios de la Institución Cultural Cantabria. Otro trabajo recuperado es el clásico de Adriano García Lomas en el que efectuó un estudio crítico, etnográfico y pintoresco sobre los pasiegos entre los años 1011 a 1960.
Cabañas y ganado
El segundo bloque se centra en la etnografía de la vaca pasiega a partir de cuatro interesantes aportaciones. El arqueólogo y etnógrafo Manuel García Alonso vincula el paisaje y su arquitectura con la explotación pecuaria. Es aquí donde las cabañas pasiegas, tan necesitadas de un plan de protección, juegan un papel fundamental.
El propio Ramón Villegas aborda el estudio de los 'frutos' de la vaca pasiega: la leche, la manteca y el queso, que durante siglos constituyeron la base alimenticia de los pasiegos y un sustento básico de su economía. En su trabajo explica como, a principios del siglo XX, la agobiante demanda de leche en Madrid y otras capitales importantes, así como el abastecimiento a las propias industrias lácteas locales desbordó a los ganaderos, provocando la introducción rápida y en pocos años de gran cantidad de vacas 'pintas' (holandesas) que 'inundaron' el paisaje cántabro en general y el pasiego en particular. Su mayor producción láctea fue determinante y la principal causa de la decadencia de la raza pasiega. También hay un espacio en el libro para los tratantes, figuras decisivas en el intercambio y selección de los animales, y para las ferias, hitos geográficos de referencia para las cabañas ganaderas.
El tercer bloque aborda la raza bovina pasiega en el siglo XX y su situación en la actualidad, y el colofón, el cuarto bloque, le ponen una serie de artículos cortos que vieron la luz en diferentes cabeceras de la prensa local y que contribuyen a enriquecer algunos aspectos sobre una raza que la Consejería de Desarrollo Rural está tratando de recuperar e impulsar, junto con una Asociación de Criadores encargada de gestionar un libro genealógico.
Aspecto y rentabilidad
Los ejemplares de la raza pasiega son de alzada pequeña (1,30 a 1,35 metros) y de color rojo encendido (también descrito como colorado, rojo cereza o avellana) en su pelaje o capa. La cabeza es pequeña, la frente ancha y el perfil recto. Los cuernos, de dimensiones medianas, de color crema y con las puntas negras. Las extremidades, largas y finas, con articulaciones robustas y pezuñas duras y potentes. Las ubres presentan un desarrollo regular, con piel fina. Su temperamento es dócil.
Su explotación ha estado tradicionalmente vinculada al elevado valor nutritivo de su leche, y gracias al alto contenido de materia grasa, ésta ha sido una materia prima ideal para la elaboración de quesos y mantequillas, señas de identidad de la gastronomía del valle del Pas y zonas limítrofes.
Otra característica de la vaca pasiega es su gran longevidad, alcanzando en producción fácilmente los veinte y hasta los veinticinco años.







