
-¿El azote y la torta son de padres que no saben educar?
-A mí no me gusta culpar a las familias. Parto de la base de que no hay padres malos o incompetentes, cada uno lo hace como puede y, con la vida que llevamos, todos en alguna ocasión podemos perder las formas. Pero bajo ningún concepto se puede justificar que un golpe sirva para educar. Yo creo que la sociedad, en otros ámbitos, está dando un mensaje correcto contra la violencia. Y la escuela ha hecho un esfuerzo en los últimos años en este sentido. ¿Cómo, entonces, somos tolerantes ante estas actitudes? tratando así a los niños, tendremos menores sometidos, no educados. Es muy diferente.
-Muchos no saben imponer autoridad sin recurrir a la colleja
-Yo, a las madres (que son las que consultan, mayoritariamente), siempre les digo que, en un momento en que son conscientes de que no se controlan, tienen que mandar a su hijo a la habitación, para darse tiempo a pensar. La forma de resolver una situación en que el niño necesita que le corrijan es aplicar un castigo adecuado a la edad, inmediato y, por supuesto, que no sea desmedido respecto a la actuación que hay que sancionar. A mí me cuesta mucho hablar de sanciones, porque a saber qué entiende por sanción cada persona. Sin embargo, todos debemos saber que el miedo que genera el castigo físico en el niño no educa.
-¿Y no es peor la desatención o la excesiva permisividad que un manotazo?
-¿Es que son cuestiones distintas!, ¿por qué compararlas? Partamos siempre de que los niños tienen derechos humanos, como los adultos. Y si no resuelves un conflicto con una persona mayor a tortas, ¿por qué hacerlo con un menor? Cuando se tiene claro que el azote es una agresión física que humilla tanto al que lo recibe como a una mujer le puede humillar un mal trato, se asume todo lo demás.
-¿Las familias con las que trabaja reconocen que pegan o saben que puede ser 'mal visto'?
-Hay de todo. Los padres de última hornada piden asesoramiento y el hecho de que pregunten es un paso importante, un signo de que la sociedad puede empezar a desterrar esas viejas creencias de la bondad de la torta a tiempo. Yo creo que, aprovechando la última modificación legislativa, se deben hacer campañas de sensibilización. No todos los padres somos competentes al 100%, todos tenemos fallos; aún así, es importante separar la disciplina de los golpes. El adulto logra autoridad sobre sus hijos dando ejemplo. Y las familias tendrían menos conflictos si se parasen a establecer límites y normas, según los años de los niños. Hay que hablar con ellos. Y también hay que decirles que se les quiere.







