
En junio de ese mismo año y después de una primavera lluviosa tres de sus cuatro paredes se derrumbaron, la que quedó en pie se sostuvo gracias a la escalera de caracol, realizada en piedra y que fue rehabilitada al hacerse la reforma. Por ella se puede ascender hasta la última planta donde están las campanas y hasta salir por una ventana al exterior, a una especie de terraza sobre el tejado de la Catedral desde donde se divisa una espectacular vista de Santander.
La torre se reconstruyó en la difícil posguerra con hormigón y piedra. La obra se acometió al tiempo que las dependencias que se habilitaron detrás de la girola para sede del Archivo Catedralicio y Diocesano.
Impresiona ver las campanas a un metro y casi poder tocarlas. Fueron realizadas por Abel Portilla, de cuyo taller en Gajano han salido grandes muestras de este arte musical. Las campanas tienen nombres singulares: campanón de Los Mártires, y campanas de San Fernando, María Magdalena, San Sebastián, San Martín, así hasta ocho, cuyos pesos son 1.400; 1.100; 950; 500; 410, 275, 180 y 135 kilos. Tocaron por primera vez el día de Navidad de 1999, anunciando el Jubileo del año 2000.




