
Este cauce fluvial ha sido uno de los más castigados de España por la contaminación. La puesta en marcha de grandes fábricas, especialmente en Torrelavega, le dejó prácticamente sin vida desde la década de los cuarenta del siglo pasado.
La ría, que discurre por los municipios de Torrelavega, Santillana del Mar, Polanco, Miengo y Suances, ha dejado de estar muerta en los últimos meses. Los ribereños ven con esperanza como el color verde empieza a ganar terreno en las orillas, el agua baja más clara, no huele tan mal y se ven peces y aves que hace mucho tiempo habían abandonado estas aguas.
Pero los vecinos, hastiados de tanta promesa incumplida, no se fían de nada ni de nadie. Recuerdan la sentencia de derribo que pesa sobre la depuradora desde 2005 y que ha impedido finalizar el proyecto, que incluía la construcción de un emisario submarino. Tampoco olvidan que el Gobierno regional desestimó el proyecto de construcción de un puerto deportivo en Suances (15 millones de euros), tras demostrar un estudio de la Universidad de Cantabria que en el fondo de la ría se acumulan miles de toneladas de lodo muy tóxico (mercurio, cobre, zinc y plomo).
El alcalde de la villa marinera, Andrés Ruiz Moya, muestra su satisfacción por la mejoría que se observa en la ría, pero reconoce que «la alegría no es plena por las consecuencias de la sentencia que ordena el derribo de la depuradora y que hace muy difícil que se pueda construir el emisario».
Paulino San Miguel, vecino de Cudón (Miengo) y pescador jubilado, pasa las mañanas en el puerto ayudando a su hijo -patrón del barco Nuevo Bogavante- y tomando café con los amigos en los bares cercanos. «El agua ha mejorado bastante. Hay días que se ven bien las hélices de los barcos. También entran más peces, sobre todo mules», afirma.
«Me he dedicado toda la vida a pescar -añade- y todavía recuerdo aquellos años en los que el agua estaba limpia. En el invierno se vivía de la ría. Había de todo: Esquilas, angulas, cangrejos... Después, cuando la Sniace -papelera de Torrelavega- empezó a soltar contaminación, se murió todo».
Paulino recuerda ver pescar rape en la Vuelta Ostrera o bocarte en la misma desembocadura. La muerte de la ría significó, entre otras cosas, que los pescadores, entonces mayoría en Suances, tuvieron que ir a trabajar a tierra «en lo que salía». Respecto a la posible solución definitiva del problema, lo tiene claro: «Mientras haya fábricas tendremos contaminación».
Gerardo Salas, otro pescador veterano, vecino de Suances, recuerda cuando su padre cogía ostras y se pescaban lubinas río arriba, en el puerto de Requejada. «Había cañas por todas partes», recuerda. El tampoco es optimista: «El río sigue muerto. Sniace y Solvay siguen ahí, y el emisario submarino ya no se hace».
Manuel López, también de Suances, es más joven y dice haber observado que el agua «está más clara y ya no hay espuma». No obstante, ve difícil que la ría vuelva a ser lo que fue. «Hay mucha mierda acumulada y muy tóxica», afirma.
Tomás Gutiérrez, propietario del restaurante Amita, es un poco más optimista: «La ría está mejor que antes, pero le queda mucho por recuperar. El agua está más clara y huele menos, aunque en marea baja todavía se nota. Se pescan más jargos y lubinas, y aparece 'verdín' en las orillas. Ahora, lo que hace falta es que hagan el emisario de una vez. Queremos que por lo menos nuestros nietos puedan disfrutar del río limpio».







