
TRES FINALISTAS
El presidente de la Asociación de Festivales Prau, Francisco Quevedo, recordó que en esta edición han participado 18 grupos procedentes del territorio nacional, y que todos cumplían el requisito de ser formaciones nobeles (no haber grabado más de un CD). Las semifinales se dividieron en cuatro jornadas, con tres grupos cada una de ella, y los conciertos se desarrolaron en Castañeda, Orejo, Reinosa y Laredo. «Ha habido una gran afluencia de público y prueba de esta afirmación es que los aforos de los recintos se han quedado pequeños». Quevedo destacó la calidad de las formaciones participantes y agredeció la colaboración de la Consejería de Cultura, cuyo director general, Justo Barreda, estuvo presente en la conferencia de prensa.
Fernando Diego, componente de Luétiga y miembro del jurado, valoró este certamen «como algo muy positivo» porque entre octubre y junio «la región es un desierto de festivales de folk». Además realizó una valoración artística de los tres grupos finalistas de esta edición. De Braña dijo que hacen música cántabra «cien por cien» pero con arreglos contemporáneos. «Se trata de una propuesta muy bien instrumentada», añadió. Los vallisoletanos Vallarna, que cuentan con un músico cántabro, el violinista Javier Román 'El Niñu', que anteriormente fue miembro de El Hombre Pez, «es una formación acústica en la línea de la música folk contemporánea que interpreta música tradicional de Castilla y Cantabria». De Atroj, grupo granadino, destacó la solidez en la fusión de música andalusí, de origen árabe, y sefardí. También aludió a las tres bandas que lograron el accésit: Aura Tazón (Cantabria), La Conjura (Sevilla) y Qui Hi Ha (Cataluña).
Error 'celtista'
Fernando Diego hizo un especial hincapié en el alto nivel de las propuestas de música de raíz cántabra. «Nos hemos quedado con la pena de que no llegara a la final Aura Tazón y su grupo. Fue un concierto delicado y apuestan por sonidos tradicionales mezclados con músicas del continente americano: salsa, bossa nova, incluso jazz», afirmó.
Esta propuesta, unida a la de Braña y otros grupos que se queedaron fuera de la final, representan un punto de inflexión, un cambio radical en el criterio uniforme que habían adoptado la mayoría de bandas de folk en la comunidad autónoma. «Sé que lo que voy a decir no es políticamente correcto, pero desde aquí animo a los grupos en trabajar en músicas cántabras, más centradas en la raíz, y que abandonen los enfoques celtistas».
Al ahondar más en esta cuestión, Diego reconoció que en Cantabria se había estado copiando la propuesta asturiana, en concreto la que lideró Llan de Cubel, que estaba inspirada en los escoceses Tannahill Weavers. Incluso durante el debate se llegó a cuestionar el celtismo en Galicia como algo autóctono. «El folclore no puede limitarse a un territorio y hay conexiones con zonas limítrofes», dijo Justo Barreda en referencia a la influencia castellana en la música de Cantabria.




