
El ambiente fallero inundaba de un familiar olor a pólvora el recinto taurino y sus aledaños atestados de gente cuando lenguas de fuegos ascendían como una corona para poner el broche de oro al acto político más vistoso de la campaña del PP. Así fue como Mariano Rajoy y la cúpula de su partido en Valencia celebró, por anticipado, la deseada victoria electoral. «Trabajamos para que la gente sea feliz», les había dicho el candidato antes de concluir su intervención en la que proclamó la oportunidad de su éxito. «Le conviene a España que yo gane las elecciones», afirmó.
El PP que dirige Francisco Camps quiso hacer una exhibición de poderío y una demostración de fuerza que sólo puede recordar al emblemático mitin del Mestalla en 1996. El 'síndrome del Mestalla' está en la memoria de los populares porque están convencidos de que tal movilización de masas en un acto político movilizó a la izquierda e impidió una mayoría más holgada. El candidato optó por humanizar su mensaje y empleó un formato novedoso para su discurso, que improvisó, micrófono en mano, rodeado de un grupo de chicas a las que dejó intervenir varias veces.
Los publicistas del PP se han apresurado a diseñar unas camisetas con el lema 'Soy la niña de Rajoy', que lucían ayer un grupo de niñas que rodearon al candidato en el mitin. El recurso también había sido utilizado en el acto de la mañana en Teruel. Fue allí donde el presidente del PP dijo que «esa niña es imparable, tiene sentimientos, es feliz y es la que va a ganar las elecciones». A él le gusta utilizar la metáfora porque cree que así apela a los sentimientos de su electorado al mismo tiempo que consigue presentar de una manera comprensible su programa electoral y demuestra que se ocupará de los problemas «de las personas con cara y ojos», mientras dice que Zapatero sólo se ha ocupado «de las civilizaciones, los planetas y los territorios».
La niña se llama Victoria
Rajoy, por fin bautizó ayer a su niña y la llamará Victoria Esperanza. En una conversación informal con periodistas, lo explicó así: «Victoria tras la Victoria y Esperanza tras la Victoria». El grito de que «la niña se llamará Victoria» el día 9 de marzo fue el más repetido por los oradores de la noche.
La mejor campaña
Optimista pero todavía con los pies en la tierra, el candidato popular se mostró cauto ante los periodistas de la caravana electoral minutos antes de recibir el baño de multitudes en la emblemática plaza de toros valenciana. Se declaró «contento» con la marcha de la campaña electoral -«la mejor que hemos hecho en la vida»- pero reconoció que, a pocas horas de que se abran las urnas, no hay un claro ganador de las elecciones. «Estamos en empate a cero», resumió con su habitual costumbre de simplificar la realidad en resultados deportivos, aunque confía en que la campaña haya logrado cambiar el voto de un porcentaje superior al 2% de los que van a participar en los comicios el domingo.




