
Así, temen que podría «reactivarse» la ruta hacia las costas andaluzas ante la peligrosidad de otros caminos. En el informe anual sobre inmigración clandestina, titulado Derechos humanos en la frontera sur 2007 y que profundiza en algunos de los aspectos «más problemáticos» de las rutas migratorias desarrolladas por España, la asociación calcula que al menos 3.500 inmigrantes se han dejado la vida como resultado de políticas de control de fronteras «cada vez más represivas y crueles».
Y podrían ser muchos más, ya que, como consta en el informe, es prácticamente imposible contabilizar a las víctimas que cayeron en la ruta que atraviesa el Sahel y se dirige hacia Argelia o Libia. Así, desde la APDH subrayan que, según les han reconocido algunos altos cargos gubernamentales, «el desierto del Sáhara se ha convertido en una inmensa tumba de arena». En el caso de España, la trágica cifra asciende a 921, aunque hay que diferenciar las muertes o desapariciones en aguas españolas, un total de 189, y las registradas en las costas del Magreb y África occidental de aquellos que ni siquiera lograron salir del continente con destino a nuestro país, las otras 732. De estas muertes, 629 eran de origen subsahariano, 287 magrebíes y cinco asiáticos.
La APDH también recoge que Interior repatrió a 55.938 inmigrantes en situación irregular a lo largo del 2007. Se trata del 6% más que en el 2006, aunque la llegada de inmigrantes en embarcaciones descendió respecto a ese año un 53,9% y se situó en 18.057 personas.







