
EXPOSICIÓN
La exposición no sólo recuerda a los barcos de la sal. Contiene más material. Sin embargo, el centro de la misma lo compone la muestra fotográfica en la que, además de los buques de cabotaje dedicados al transporte de sal, aparecen los llamados 'barcos de la piedra'. Unos y otros compusieron imágenes espectaculares en el interior de la dársena vieja de Santoña y en la llamada Machina del Pasaje, donde atracaban.
Su presencia era habitual en esos lugares. La de los barcos de la piedra tenía como finalidad cargar piedra extraída de las canteras de la comarca -Santoña, Montehano, Voto- con el fin de transportarla en sus bodegas. La de los barcos de la sal, abastecer a las numerosas fábricas de filete de anchoa y anchoa en salazón radicadas en la cuenca baja del Asón, y, ocasionalmente, aprovechar el viaje de vuelta para transportar barriles y latas de anchoa ya elaborada, procedente de la costera anterior.
Torrevieja y Cádiz
Los barcos de la sal llegaban a Santoña, en su mayoría, procedentes de Torrevieja (Alicante) o Cádiz. En sus bodegas transportaban dos tipos de sal. Una de ellas era más gruesa y se utilizaba para la preparación de la salmuera (agua saturada de sal). La otra, más fina, se empleaba para el salazón.
Y es que la sal es el elemento imprescindible de la semiconserva de pescado, tanto como la propia pesca. Si se trata de anchoa en salazón, la sal cubre la pesca y la mantiene en condiciones hasta su consumo. Si se trata de filetes de anchoas, primero se cubren de sal para su maduración por espacio de varios meses, hasta que, llegado el momento apropiado, se corta el filete, se limpia y se enlata bajo la protección del aceite, hasta su consumo.
Uno y otro procedimiento no son sino dos fases o momentos de un mismo proceso de elaboración, en el que la sal siempre es protagonista. De hecho, durante siglos ha sido el método más utilizado para la conservación de los alimentos, por no decir el único. Sólo la reciente aparición del método de la conserva (siglo XIX) y los modernos sistemas de frío (siglo XX) han permitido superar aquella histórica dependencia que dio lugar a que, en época del Imperio Romano, por ejemplo, los pagos en sal tuvieran tanto valor como los pagos en metálico (de ahí el nombre de 'salario' que se ha mantenido hasta la actualidad).
La operación del vaciado de los barcos durante la época en la que el transporte de la sal se realizaba por vía marítima no era sencilla. Se sacaba de las bodegas mediante poleas y calderos de 500 kilos, cuyo contenido se volcaba en carros y camiones situados en el muelle.
Era ésta una maniobra compleja, que en ocasiones provocaba accidentes si la distribución de la sal en el interior del caldero no quedaba suficientemente equilibrada y éste perdía la estabilidad.
Luego, mediante carros de caballos o camiones, la sal era llevada hasta la zona industrial y depositada en las fábricas conserveras o en naves específicas convertidas en almacén de sal, de las que existían varios ejemplos en Santoña.
Desde estas se abastecía directamente a las fábricas, en menores cantidades y dependiendo de las necesidades, ya que los barcos de la sal, aunque entraban a puerto durante todo el año, lo hacían preferentemente en los meses de la primavera, con vistas a la costera del bocarte/anchoa, que en los años cincuenta y sesenta arrojaba cifras espectaculares de capturas.
Antiguamente, el transporte de la sal tenía lugar en pataches. Luego, aquellos viejos veleros fueron sustituídos por buques de cabotaje de medio tamaño, aunque algunos presentaban un aspecto imponente a los ojos de los santoñeses habituados a los pequeños vapores de pesca o a los barcos de cerco que, en aquellos años, raramente sobrepasaban los 30 metros de eslora.
Ahora, en camiones
Hasta los años 70, la llegada de los barcos de la sal a las machinas y muelles santoñeses era una constante. A partir de entonces, sin embargo, nuevos formatos de comercialización y nuevas vías de transporte pusieron fin al tradicional transporte fluvial.
Las fábricas de Santoña y su comarca siguen utilizando la sal como entonces -no en las mismas cantidades, pero sí muy importantes-, pero el transporte a granel se sustituyó por el envasado en sacos, de mayor comodidad, y el transporte por carretera fue desplazando progresivamente al transporte fluvial.
Debido a este doble hecho, los barcos de la sal acabaron por perder su utilidad a lo largo de los años setenta. Los buques dejaron de llegar y los almacenes cerraron. Y hoy, cada fábrica dispone de sus propias reservas de almacenamiento y contrata directamente las cantidades exactas a medida que genera la demanda.
Todo sigue siendo igual en el proceso de elaboración de la pesca, pero ya no hay barcos de sal en los muelles, ni operarios vaciando las bodegas, ni poleas volcando la mercancía sobre los camiones, ni carros de caballos recorriendo las calles de Santoña para llevar la sal hasta las fábricas de Albo, Consorcio, Hoya o Viadero, aunque, afortunadamente, la anchoa siga siendo una de las principales riquezas de la comarca oriental de Cantabria, en la que cerca de dos mil personas, de manera directa, encuentran el sustento diario para sus familias.







