En mi reciente visita al palacio episcopal, tras de saludar a monseñor Vicente -a los clérigos se les saluda con besamanos- le explicamos -yo iba en comisión-, el objeto de nuestra encomienda. Se trataba de requerir de su autoridad una iglesia para celebrar en días festivos la misa tradicional de San Pío V, es decir en rito latino y altar adosado, monaguillo, etc, etc., tras de ser autorizado por su Santidad Benedicto XVI, actual Papa, además de recomendarlo.
El señor obispo -como yo esperaba- se negó a concederlo. Repitió varias veces que el Papa lo había autorizado pero no lo había impuesto. ¿Sólo la imposición vale? Y la verdad es que nos dejó atónitos ante la frágil disuasión del prelado. ¿Es qué la Iglesia ya no está en comunión con su Pontífice máximo? ¿Es que lo que recomienda el Papa lo rechazan sus obispos? ¿Es que sólo la imposición papal puede prestarse a ser 'de jure' atendida?
Señor obispo: si la misa latina de San Pío V puede ser rechazada hoy -autorizándola el Papa-, tengo que subrayarle que nunca fue prohibida, que para un obispo lo mejor debe ser elegido de acuerdo con su clara autoridad y que San Pío V está en la gloria con honor de santo lo mismo que monseñor Lefebvre por sus virtudes, a más de la previa autoridad del actual Pontífice. Y deseo añadirle que el actual concilio Vaticano II nos dejó las secuelas, imborrables hasta hoy, de una dejación de la única Iglesia verdadera que a pesar de monseñor Lefebvre se apartó de la gloria de Dios. Hoy la confusión la ha llevado a divergir.
Escritor/Crítico




