Si Rajoy logra trasladar un nuevo empuje a su grupo parlamentario habrá superado buena parte de la crisis abierta tras el fracaso del 9 de marzo, que se agravó con los nombramientos posteriores y su polémica intervención ante la Junta Directiva Nacional. Muchos diputados, aunque descontentos con las decisiones tomadas por su presidente, decidieron conceder al nuevo equipo un margen de confianza para que demuestre su capacidad en los debates. La investidura es la primera la ocasión propicia para que el líder pueda recuperar el terreno perdido.
Sin embargo, el presidente del PP no ha debatido con el equipo dirigente ni en los órganos de dirección la estrategia a seguir ante la investidura del candidato socialista, no convocó el comité de dirección ni celebró maitines este lunes. Recabó documentos e informes de sus colaboradores y, una vez más, será él mismo quien elabore el discurso. Su propósito es trasladar a la Cámara los ejes de la política de oposición que se propone ejercer en esta legislatura y que estarán apoyados en el programa electoral con el que concurrió a las elecciones.
El líder del Partido Popular quiere plantear una oposición «constructiva pero exigente», por lo que insistirá en la necesidad de abordar cuatro pactos de Estado con el Gobierno, eso sí, sin darle carta blanca a Rodríguez Zapatero. Aunque los populares coinciden en que no se puede plantear la nueva legislatura con la vista puesta en la que acaba de concluir, la desconfianza marca todavía las relaciones del PP con el PSOE. Rajoy está convencido de que el jefe del Ejecutivo le engañó y cree que puede volver a hacerlo.




