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Cantabria General

TRIBUNALES
Desconcierto en los funcionarios de Justicia ante la máquina de fichar
Ayer entró en vigor el control horario con huella dactilar, pero los empleados desconocían el funcionamiento del artilugio que además daba error
03.05.08 -

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Desconcierto en los funcionarios de Justicia ante la máquina de fichar
Dos empleados públicos de la sede judicial de Las Salesas intentan fichar mediante su huella digital ante el nuevo mecanismo. / A. FERNÁNDEZ
«Nos sentimos humillados por la forma de proceder del Gobierno regional. Nadie nos ha informado de nada. Nos hemos enterado por la prensa y por la Orden de la Consejería de Presidencia y Justicia, publicada en el Boletín Oficial de Cantabria, de que había que fichar con la huella del dedo a la salida y a la entrada del trabajo... No son formas», se lamenta una funcionaria a las ocho de la mañana, mientras intenta averiguar cómo funciona la 'dichosa maquinita' de control horario por huella dactilar, instalada en el edificio judicial de Las Salesas.

«A mí no me importa cumplir el horario y fichar, pero no de esta manera tan discriminatoria para los funcionarios de justicia», se lamentaba otra trabajadora. «¿Por qué para los demás empleados públicos de la Administración regional es indigno el sistema de control con huella dactilar, como dijo Revilla cuando era vicepresidente del Gobierno con el PP, y no lo es para los trabajadores del ámbito judicial?», se preguntaba otro.

¿Y por qué en la Dirección General de Justicia, situada en el Paseo de Pereda, se ficha con tarjeta y no con el dedo?», terciaba en la polémica otro trabajador. Eran las cuestiones generales y unidireccionales planteadas por los funcionarios públicos de justicia ayer, entre las 8 y las 8,30 de la mañana, mientras hacían cola o se apiñaban en pequeños grupos frente al nuevo mecanismo tecnológico, el primer día de entrada en vigor del control horario.

El sentir unánime de todos ellos se puede resumir en una palabra: desconcierto. Todos ellos al unísono se lamentaban de la «nula información» existente al respecto. «La semana pasada vinieron por la oficina judicial para recoger la huella dactilar y la entregamos. No sabíamos qué hacer y desde luego nadie nos dijo que era una toma voluntaria, como ha dicho el director General de Justicia en los medios de comunicación», precisa Pepa Castellanos. «Nadie sabía que nos podíamos negar a darla», media otra compañera que prefiere no dar su nombre. «Se oyen muchos rumores, entre ellos que no cobras sino fichas, esto es un caos. Son rumores, pero nadie nos ha dicho nada», apostilla otra.

Puerta cerrada

Algunos funcionarios, los menos, acudieron a la sede judicial de Las Salesas, en la Avenida Pedro San Martín de Santander, a las 7.30 horas y se encontraron con la puerta principal cerrada, ya que este acceso no se abre hasta las ocho de la mañana. Tuvieron que dar la vuelta al edificio y entrar por la calle Simancas, pero en esta puerta no hay máquina de fichar, por lo que los funcionarios se vieron obligados a «peregrinar» por el complejo judicial para poner su huella en el único aparato existente y allí dejar constancia de la hora de entrada.

Una vez superado este «primer escollo», se encontraron con otro: desentrañar el lenguaje críptico de la máquina, sobre el que nadie les había informado. «Probando nos hemos dado cuenta de que para entrar hay que dar al botón rojo y no al verde. Después te pide el código de funcionario, que son cinco dígitos.Yo, que soy interina, -dice Pepa Castellanos- tengo 4 números en lugar de cinco. Calculando, he puesto un cero delante y por fin he fichado. Pero, como veis, aquí estamos solos y nadie sabe nada». Otros trabajadores no tienen memorizado su código y directamente 'pasan' de fichar. Y otros pulsan la flecha, meten su código, ponen el dedo en la ranura de la máquina y..., nada. Tarea imposible. Lo intentan hasta cuatro veces sin resultado, y abandonan. «¿Que el secretario dé fe de que he llegado!», se dicen.

En las sedes judiciales de la región el control horario se implantará a lo largo de la semana. Los sindicatos han advertido ya a los trabajadores que no accedan voluntariamente a dar la huella, según ha podido saber este periódico.
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