
Pero, mientras, la clepsidra de Cantabria permitirá «ver fluir el tiempo», como resalta su autor, el científico Bernard Gitton. A finales de mayo quedará instalado en el pabellón de Cantabria este reloj de agua que el consejero de Medio Ambiente, Francisco Martín, acudió en persona a recoger del estudio de su autor en Les Rosieres sur Loire, en Francia.
Este ingenio, que ofrece una precisión similar a la de los relojes mecánicos, estará personalizado y posee un dispositivo adicional en el que se recogerá el transcurrir del tiempo de la exposición -desde su apertura el 14 de junio hasta su clausura el 14 de septiembre- con un hito destacado en el Día de Honor de Cantabria que se celebrará el 26 de julio.
En las clepsidras más clásicas, el tiempo se mide por el flujo del agua que pasa a través de un pequeño orificio, de modo que el caudal depende de numerosos parámetros, temperatura y altura de agua entre ellos, lo que se traduce en una precisión mediocre. Frente a este elemental sistema, el reloj de Bernard Gitton se basa en un sistema de sifones, colocados en serie, que es alimentado por el líquido recogido en una cuchara, con un volumen constante gracias a que el período de llenado es siempre el mismo y se corresponde con el período de oscilación de un péndulo del que es solidaria la cuchara. Aunque el reloj funciona de forma autónoma, cuenta asimismo con un sistema de control electrónico capaz de ajustar el volumen de agua en caso necesario.
Se da la circunstancia de que Cantabria dispondrá de esta maravilla científica y estética en exclusiva dentro del recinto de la Expo, tal y como se ha especificado en el contrato firmado con el científico francés. Al terminar la Exposición Internacional todos los cántabros podrán disfrutar del reloj de agua, ya que se instalará en un edificio público de la región que aún está por determinar.







