
Al margen de esos sesudos, a la par que interminables, interrogantes que ella le formula a Clooney sobre cine, política internacional y acciones humanitarias, lo que de verdad me conmueve son aquellas observaciones en las que a la sagaz reportera le traiciona el subconsciente... Como esa pregunta (por llamarla de algún modo) en la que le comenta al entrevistado que el chocolate a la taza que se sirve en Madrid es tan espeso que... «metes el churro y se queda de pie» (literal). Y es que hay que ser una mujer de mucho mundo y mucho cuajo para tener a George Clooney delante y hablarle de cómo se queda de tieso el churro español cuando penetra en el chocolate...
A este oscarizado actor se le podrán hacer entrevistas mejores, no digo que no. Pero las preguntas de la Preysler -¿Cuántas casas tienes, George? ¿Eres un manitas? ¿Pones tú las ventanas y las puertas, o se lo dejas a los profesionales?-, ésas no podría hacerlas nadie sino ella.
Sólo cabría reprocharle a Isabel que no haya rematado esa pieza única y ya histórica del periodismo mundial despidiéndose de sus rendidos lectores, entre los que ya me encuentro, y del propio entrevistado con un justificadísimo (con veinte páginas de entrevista debieron darles las uvas), y oportunísimo: «Buenas noches, y buena suerte».







