Por muchas páginas que haya mirado no aparece. Incluso, he repasado todas las imágenes que mis compañeros de El Diario captaron esa tarde mágica. Pero nada. No hay forma. ¿Alguien la tiene? La quiero. Para mí. Para mi pequeña colección. Es él. Marcelino. Aplaudiendo a la gente. Agradeciendo el gesto a las 22.000 personas que coreaban su nombre. Al héroe. Al hombre que siempre habla, primero de su plantilla, de su solidaridad, de su trabajo, de su esfuerzo, de su unión, de su compromiso, de su fe. Y después, de sus colaboradores. Y nunca de él. Al entrenador que se refugió en su banquillo mientras sus futbolistas recorrían El Sardinero recogiendo el aplauso de la gente para cederles todo el protagonismo. Al 'míster' que tuvo que salir a saludar. Y saludó. Sólo unos segundos. Los suficientes para agradecer y pasar desapercibido. Y se volvió a refugiar en el anonimato.
Nadie captó esa imagen. Sé que Celedonio se dio cuenta. Corrió a por él. Pero no llegó. Se topó con la Policía. Habló, negoció, y hasta creo que trató de convencer a Marcelino para que volviera a salir. Ya era demasiado tarde.
Quiero esa imagen, esa fotografía. Porque refleja la sencillez y humildad del hombre que ha logrado la mayor gesta del Racing en 95 años de historia, de vida.







