
Desde entonces hasta hoy, gobiernos del PP y del PSOE han seguido aplicando este principio sin que nadie se haya atrevido a ofrecer un contrapeso a la expresión, un contrapeso necesario porque el lema encerraba en su contenido el germen de la degradación de la enseñanza pública española, y un contrapeso fácil, porque hubiera bastado con añadir una pequeña y realista oración subordinada: «Aprender es divertido, sí, pero cuesta...»
Por obra y gracia de este 'Maravalloso' punto de vista, la palabra esfuerzo fue desterrada de los documentos educativo y el profesorado cargó con toda la responsabilidad del fracaso escolar de sus alumnos (si no estudiaban era porque no se les motivaba, si no aprendían era porque no se utilizaban las nuevas metodologías, si no había disciplina era porque el profesor no se había hecho cercano a sus alumnos...). Además, las viejas asignaturas con tradición didáctica como la Lengua, las Matemáticas o la Geografía y la Historia, las que tenían un cuerpo de conocimientos que había alcanzado en su funcionamiento histórico un alto grado de consenso social, fueron sometidas a una presión agobiante para conseguir que redujeran su porcentaje de suspensos. Las razones de este acoso resultan fáciles de entender, si conocemos que, hasta el reciente informe Pisa y con la única excepción de la prueba de selectividad, el único baremo utilizado para valorar la calidad de nuestro sistema educativo había sido el del fracaso escolar. Con esta vara de medir 'las marías', con un 100% de aprobados representaban el éxito, y las otras el fracaso. En coherencia con estos presupuestos, se inventaron un buen número de nuevas materias que, o bien satisfacían las presiones de distintos colegios profesionales, o bien divulgaban principios democráticos (educación para la ciudadanía, educación para la vida adulta, educación para la igualdad, etc.) o bien, simplemente, ajustaban la oferta educativa a la disponibilidad de profesores funcionarios (como sucedió con la Cultura Clásica, tras la persecución del Latín y del Griego). Fueron y son, en su mayor parte, asignaturas optativas, con pequeña carga horaria semanal, a veces con un contenido divulgativo, que no han conseguido acarrear un nivel de exigencia y de consideración social que les haya permitido escapar a la etiqueta de "marías", aunque ocupen una parte creciente en el quehacer semanal de nuestros alumnos.
Finalmente, en abril de 2008, tras los problemas generados por la incorporación a la enseñanza pública de la parte mayoritaria de los inmigrantes y después de un proceso de degradación de la disciplina en las aulas, que resulta cada vez más evidente como consecuencia derivada del fracaso de «los Planes de Atención a la Diversidad», sucede un último capítulo en la historia de nuestra Enseñanza Media con el ataque de algunas Consejerías de Educación, entre ellas la de Cantabria, a la Historia de España de 2º de Bachillerato. La excusa es la de un Bachillerato limitado a 30 horas semanales, seis diarias, en el que no caben todas las materias que se proyectan, y el ariete un invento, una asignatura común, llamada 'Ciencias del mundo contemporáneo', diseñada para dar trabajo a físicos, químicos, biólogos y geólogos, que es la responsable del corrimiento de la religión a 2º de Bachillerato y de la consiguiente reducción en una hora semanal de la Historia de España (de cuatro a tres horas). La decisión se toma sin consultar a los profesores afectados, presumiendo seguramente su oposición. Sin embargo, a pesar del secretismo, en una autonomía tan pequeña como la nuestra, al final alguien se entera y se produce una huelga de profesores de Historia, que aún colea.
Para entender bien la huelga, es preciso que se comprenda lo siguiente:
Primero: La única salida que no produce lesiones a las asignaturas básicas de 2º de Bachillerato (recuérdese que en Junio hay examen se selectividad) y al servicio correspondiente a los alumnos es la de aumentar la carga lectiva en este curso a 31 horas, prolongando el horario en una hora, un día a la semana.
Segundo: Los profesores no pedimos dinero. Lo perdemos en la huelga para demandar dignidad. Pedimos que se nos consulte y que se valore nuestro trabajo. Que se entienda que somos profesores de Historia, (que es la ciencia que sabemos y queremos enseñar), y no profesores de igualdad, ni de vida adulta, ni de ciudadanía. No queremos inventos de los políticos (como esa ridícula 'Iniciación la investigación' que nos encasquetan en el curso menos adecuado), queremos satisfacer esa demanda social que nos pide que enseñemos a sus hijos por dónde pasa el Ebro o quién fue Largo Caballero, y contar con el horario necesario, en las edades más propicias para el aprendizaje.
Tercero: No se trata de enfrentar la Historia con la Filosofía o con la Religión. Nosotros no nos oponemos a que Filosofía tenga seis horas comunes en el Bachillerato o Religión dos horas, (mientras que la Historia, que tenía cuatro, pasa a tener tres), nosotros lo que decimos es que, si es difícil explicar la Historia de España en cuatro horas semanales, en tres resulta prácticamente imposible. Y en esto y en otras muchas cosas la Consejera no nos ha escuchado ni quiere volver a escucharnos.
Se hace necesario, por lo tanto, que la sociedad se movilice, como nos hemos movilizado los profesores. Los padres para exigir que sus hijos aprendan Historia de España, los profesores de la Facultad para defender la utilidad de la ciencia que cultivan, y los políticos para dar a entender que las razones que aconsejan que un francés aprenda la Historia de Francia, se multiplican por dos en España, dada la situación política de nuestro país y la importancia y el poder que alcanzan aquí los llamados nacionalismos periféricos.
Hay que solicitar a quien corresponda que se acaben las intervenciones externas en el frágil equilibrio de la Enseñanza Media. Resultaría muy aconsejable un acuerdo en materia de educación entre los partidos mayoritarios que permita un cierto grado de estabilidad. Si este no se produce, si no se acaba por respaldar a las asignaturas que aún son capaces de demandar un cierto nivel de esfuerzo, la degradación de la enseñanza pública continuará de forma imparable.
Para terminar una pregunta: ¿Cómo es posible que el mismo partido que ha aprobado la Ley de Memoria Histórica ataque así a la Historia de España? No se entiende, francamente. Al gobierno regional, al parecer, no le interesa la Historia ni que los jóvenes aprendan qué es España. El gobierno regional prefiere divulgar, inventar optativas, asignaturas nuevas para casar horas, un pensamiento débil para manipular mejor. Hay que preparar el festín de la demagogia. ¿Un bachillerato equilibrado? Qué pena me da esta izquierda desorientada, la que gestiona el proceso de degradación que he relatado, la que no quiere enterarse de lo que está pasando, la que sigue diciendo que aquí no pasa nada, mientras todo se viene abajo.




