El resultado fue más ajustado en la Suiza germánica que en la francófona. De los 26 cantones suizos, sólo el rural germánico de Schwyz (centro) aprobó, con el 59,9% de sufragios, la propuesta de la Unión Democrática de Centro (UDC).
Los populistas sufren este fracaso cuando aún no han transcurrido seis meses del paso a la oposición del principal partido suizo (29% de los votos en las últimas legislativas) por la expulsión del gobierno de su líder Christoph Blocher.
La derrota les resulta particularmente dolorosa porque, con la propuesta de nacionalizaciones «democráticas», la UDC abordaba un tema -el miedo al extranjero- que hasta ahora siempre le había proporcionado apoyos.
El partido populista proponía que las candidaturas a la nacionalización pudieran ser aprobadas -o rechazadas- por un voto popular en los municipios, sin recurso posible, y no por una comisión, como ocurre ahora.
Suiza aplica el derecho de la sangre, de modo que el 20,7% de los extranjeros empadronados en el 2006 deben someterse a un procedimiento de nacionalización muy controlado.
Hace falta haber residido en Suiza un mínimo de doce años y estar integrado en la comunidad y adaptado al estilo de vida local, según los términos empleados por las autoridades federales.
Al final de la campaña, a la vista de los sondeos desfavorables, la UDC había intentado centrar el debate en la criminalidad de los extranjeros. Llegó a publicar anuncios en la prensa para denunciar «la violencia de los jóvenes extranjeros nacionalizados», relatando una serie de sucesos como ejemplo de sus afirmaciones.
«La UDC estaba sola contra todos», comentó el diputado Yves Nidegger para relativizar la derrota de su partido. El Consejo Federal (Gobierno) y la mayoría parlamentaria se habían pronunciado en contra de la iniciativa por considerarla discriminatoria y arbitraria. Incluso la ministra de la Policía y Justicia, Eveline Widmer-Schlumpf, (UDC), reprobada por su partido, se opuso.







