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RSS | ed. impresa | Regístrate | Miércoles, 22 octubre 2014

Cultura

MOEBIUS DIBUJANTE
«Dibujar es como soñar despierto, sólo dejo que mi mano me guíe»
El célebre creador francés dibuja un álbum especial de la serie 'XIII'

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«Dibujar es como soñar despierto, sólo dejo que mi mano me guíe»
El autor es una auténtica estrella multimedia.
El francés Moebius (alter-ego de Jean Giraud) es sin duda el autor más influyente del cómic europeo de las últimas décadas: sus creaciones para la mítica revista Metal Hurlant, su colaboración con Alejandro Jodorowsky en el ciclo de 'El Incal' y 'El Corazón Coronado', su visionaria serie 'El mundo de Edena' o el apartado gráfico del western 'Teniente Blueberry' así lo confirman. También sus aportaciones a películas como 'Tron', 'Alien', 'El Quinto Elemento', 'Willow', 'Les maitres du temps' o 'Star Wars'.

Mayoritariamente volcado en el mundo de la ilustración, ha sorprendido gratamente su regreso puntual a la historieta para dibujar un álbum de 'XIII', la popularísima serie creada en 1984 por William Vance y Jean Van Hamme; serie protagonizada por un hombre amnésico con un número tatuado en la clavícula que inicialmente se revela como presunto asesino del presidente de los Estados Unidos. A punto de concluir la complicada trama de la serie al cabo de 17 álbumes, se publica 'La versión irlandesa', un episodio retrospectivo que narra la relación del protagonista con un disidente del IRA. Van Hamme sigue siendo el autor del guión, Moebius dibuja con áspero realismo y Norma Editorial es responsable de la versión española.

La presencia del consagrado autor galo en el último Salón Internacional de Barcelona permitió conversar sobre su trayectoria y su obra.

-¿Concibe las ideas en función del medio en que se van a plasmar?

-Hay una necesidad profesional de responder a la pregunta del editor, del tipo de público al que está destinada la obra. El propio sistema me indica la dirección de mi trabajo, de la misma forma que no hablo igual con mis amigos que con mi madre o con mis hijos. La diferencia en la forma de dibujar es lo mismo. Y si tengo que trabajar en una producción cinematográfica, también me adapto de una forma instintiva a las cualidades de la película. Pero esto lo hace todo el mundo y los que no pueden hacerlo tienen problemas sociales.

-En 'La versión irlandesa', ¿es más Moebius o Giraud?

-Es Giraud. El álbum tiene la repercusión editorial típica de Giraud, la de Moebius es otra cosa. Me refiero a que cuando hablamos de Moebius no se trata solo de ciencia-ficción o fantasía sino de algo más. Porque es algo parecido a los sueños, es como soñar despierto. Y en los sueños el control es muy pequeño; yo dejo que mi mano me guíe: solo sigo al pincel.

-¿'El Mundo de Edena' es una serie que transmite su filosofía vital?

-No lo sé. La verdad es que yo trabajo pero no sé si tengo ideas repentinas o en realidad son algo más profundo pero es algo que no me preocupa. Me supone una diversión que depende del momento y, como dice mi mujer, soy 'una persona irresponsable'. Lo que a veces es bueno y a veces es malo.

-¿Cómo afronta el tema de la religión y la divinidad?

-Vengo de una tradición católica y siento una gran fascinación por la metafísica y las religiones del mundo, me interesa mucho la relación interior con el concepto de dios, la posibilidad de comunicación con las cosas que no son visibles. A veces cuando dibujo hablo de dios pero la verdad es que no tengo ninguna certeza. Por la parte emocional, tal vez pienso que no existe: que es un sueño o una forma de consuelo. Pero, paradójicamente, cuando pienso de una manera científica me parece inevitable la existencia de dios. Ya sé que esto es lo contrario a la manera general de razonar pero así es como yo lo hago.

-Creo que su trazo refleja su actitud ante la vida. Puede ser barroco y enérgico, demostrando rebeldía y pasión, o bien de línea clara y precisa, lo que evidencia serenidad y equilibrio.

-Sí. Porque mi estado de ánimo puede cambiar durante el día, en función de lo que me ocurra. La imagen que tengo de mí mismo es a veces la de un genio y otras es mala o malísima. Lo que trato de hacer es ajustarme a esos cambios, de encontrar una forma de sinceridad en la técnica. Hay dibujantes que tienen mucho coraje porque intentan justo lo contrario, conservar el mismo estilo de dibujo sin dejarse influenciar por los estados de ánimo, y eso es algo muy difícil. Pero lo que yo hago también lo es porque implica tomar una decisión, ya que cada artista tiene la obligación profesional de conservar su identidad. Y mis decisiones significan asumir un riesgo.

-¿Qué papel ha jugado la práctica de la meditación en su obra?

-La meditación formó parte de mí desde el año 79 hasta el 82, aproximadamente, y después lo dejé, como el deporte o muchas otras cosas. O sea, la vida me fue cambiando; tuve hijos, por ejemplo, lo que supone una proyección de uno mismo hacia el exterior. En cualquier caso, no puedo separar las experiencias personales de mi trabajo, para mí es todo la misma cosa.

-¿Qué opina de Jodorowsky como guionista?

-Jodorowsky es más que un guionista. Es un artista que viene del teatro, del cine, de la poesía. Es un maestro en muchos campos, una especie de mago, alguien interesante y extraño. Escribe para el lector pero sobre todo lo hace para el dibujante: sus guiones son como medicinas para el artista que trabaja con él.

-¿Qué posibilidades hay de mejorar el potencial de la historieta como medio?

-Lo cierto que a la hora de hacer historietas se trabaja en base a convenciones y estas van cambiando poco a poco. Desde los años 80 se viene explorando un nuevo territorio en un afán por cambiar las cosas pero la libertad no siempre supone la posibilidad. Todos los días se producen muchas tentativas por parte de jóvenes y de menos jóvenes, que a veces funcionan y a veces fracasan. Pero en general todo se basa en la fuerza del grupo: no es una cuestión individual sino colectiva.

Todos los intentos de cambio de los últimos 20 ó 30 años se han dado dentro de un entorno que tampoco cambiaba, el de la concepción europea u occidental de contar una historia, de reproducir la realidad en el tiempo o en el espacio. Pero la llegada del manga ha introducido una nueva visión de las cosas; es decir, las costumbres o convenciones de otro grupo son más fuertes que los deseos de cambio dentro de un sistema. Es algo extraño y espantoso para un artista. Porque por muchos deseos que tenga de alterar o cambiar las cosas, las posibilidades son realmente muy pequeñas.
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