Sarkozy se apoya en las conclusiones del Libro Blanco sobre la defensa encargado a personalidades de todos los sectores profesionales, que describen un mundo que ha evolucionado profundamente como consecuencia de los efectos de la globalización. Un mundo que, según el propio Sarkozy, «no es más peligroso, sino más incierto», en el que los ejércitos «modernos, polivalentes, equipados y entrenados son una garantía indispensable para Francia».
«Un mundo en el que la Europa de la defensa debe afirmar sus ambiciones y en el que la separación entre seguridad interior y exterior se difumina», prosigue el jefe del Estado en su misiva. Por ello, cree necesaria una visión más «global» de la seguridad y sostiene que para tener en cuenta este nuevo contexto, Francia debe continuar sus esfuerzos para «adaptar» sus ejércitos.
La reforma puesta en marcha pretende, por lo tanto, reagrupar bases y regimientos, economizar recursos y reducir efectivos para tener un margen de maniobra que satisfaga el objetivo prioritario de reforzar las «capacidades operativas» del aparato defensivo.
Una reforma «aplazada durante mucho tiempo» que Sarkozy quiere llevar adelante para «mejorar las condiciones del personal y modernizar y renovar los equipos». En la carta dirigida a los militares asegura que el presupuesto de Defensa no se reducirá y justifica las medidas por los compromisos de Francia, su ambición europea y su lugar en el seno de la OTAN.
Sarkozy presentará el próximo 17 de junio a 3.000 militares las principales decisiones sobre la estrategia de defensa y seguridad nacional para los próximos quince años y a principios de julio les comunicará las modalidades elegidas para aplicarlas. El mandatario galo considera que la reforma será necesaria para que Francia conserve un instrumento defensivo y de seguridad nacional «a la altura de sus ambiciones y del deber que tiene de garantizar la seguridad de todos los franceses».




