La finca del Prado San José, donde se asienta el enigmático edificio, está tomada por camiones contratados por la productora para transportar cables, focos, cámaras, vestuarios de época y otros elementos necesarios para una película cara para ser española: 13 millones de euros. Al fondo se aprecia la estatua del Marqués de Comillas y hacia la izquierda el cementerio gótico. Hacia la zona norte se contempla majestuoso el Palacio de Sobrellano, donde se ha rodado durante una semana tras llegar a un acuerdo con la Consejería de Cultura.
El productor ejecutivo Íñigo Marco se muestra incansable. Todos los días está antes de las cuatro de la tarde para coordinar la parte logística. «Marcamos las jornadas de nueve horas y depende si es de interior o exterior y de noche. Hemos tenido una restricción por la meteorología y por eso se ha trabajado con 'cover'. Las primeras semanas tuvimos bastante agua y lo solucionamos». También afirma que el estado precario del edificio «nos ha obligado a 'atrezzar' las zonas que nos interesaba. De las cinco semanas de rodaje, casi cuatro hemos estado en esta casa».
En la segunda planta de la Casa del Duque está la zona de maquillaje y vestuario con los actores preparándose para rodar. Por allí, deambula como una sirena Silvia Abascal, que fue nominada al Goya hace unos años a la mejor actriz revelación. Paul Naschy y Rodolfo Sancho se funden en un cálido abrazo en la entrada al edificio. Del italiano Danielle Liotti aseguran las malas lenguas que ha vuelto locas a las comillanas por su atractivo físico.
Alrededor de 200 personas han participado en el equipo de rodaje y técnico-artístico. En Comillas se han utilizado en torno a 150 figurantes. «Aquí se hace la filmación principal, aunque seguiremos en Azpeitia, en la cueva leonesa de Valporquero y en Madrid, donde haremos trabajo de estudio», explica Íñigo Marco. El cátering se encuentra al aire libre y hay leche gallega y agua de Solares.
Dos películas a la vez
Una de las novedades es que se están rodando dos películas al vez. El director, José Luis Alemán, lo aclara: «Es una fórmula muy americana, con la que se ahorran costes económicos y se tienen los mismos actores sin que haya pérdida de tiempo, cambio de aspecto físico y se utilizan las mismas localizaciones para la otra película». Se trata de una historia dividida en dos partes, cada una con comienzo, trama y desenlace, aunque el final está en la segunda película. El metraje es de cien minutos por cinta y se estrenarán por separado.
La presentación previa nacional de la primera parte podría tener lugar en la Sala Argenta del Palacio de Festivales, aunque el productor ejecutivo se muestra cauto y sostiene que el acuerdo todavía no está cerrado con la Consejería de Cultura.
José Luis Alemán habla del cine fantástico con pasión. Es su hábitat natural, un experto conocedor del género desde sus orígenes: «¿Terror gótico? Hay influencias de los cuentos de Poe. De todas formas quería buscar algo que no estuviera manido y había un trozo del pastel que no estaba usado y es toda la obra del escritor H.P. Lovecraft, un autor americano que murió en los años 30. En Internet tiene tres millones de referencias, es un auténtico icono universal de la literatura».
Alemán, que siente el respaldo de los actores y las buenas vibraciones de que el proyecto va por la dirección acertada, subraya que la idea era hacer un cine de terror muy clásico: «Quería volver a los carruajes, las casas antiguas, el siglo XIX, en definitiva todo el cine de este género que se hacía en los años 50. Tenemos la ventaja del autor H.P. Lovecraft, unos efectos especiales que no se han visto jamás en España y la historia en sí, que puede aglutinar a todo el público, desde una pareja joven a un matrimonio mayor».
De su boca salen elogios al desafío que ha supuesto rodar el núcleo principal del filme en Comillas: «Ha ido de maravilla». José Luis Alemán no pasa por alto la presencia en el reparto de Paul Naschy: «Junto a Christopher Lee, uno de los dos mitos vivos del cine de terror clásico y el único español en toda la historia».
La Casa del Duque queda en silencio y a oscuras de nuevo. Cualquier cosa puede suceder entre unas paredes con tanta historia. El miedo es libre.










