
A apenas cuatro días de que dé comienzo en Madrid el 35 Congreso de su formación, el presidente del Gobierno quiso también garantizar a los suyos que el PSOE no cambiará su identidad. «Somos -dijo- lo que hemos sido siempre, un partido de izquierda al servicio de España». El ejercicio de autoafirmación llega justo cuando la dirección del partido estudia las casi 6.000 enmiendas presentadas por la militancia a la ponencia marco que se debate el próximo fin de semana y en las que se aboga por escorar el rumbo hacia la izquierda.
La dirección socialista es consciente de que en las pasadas elecciones creció a costa de formaciones nacionalistas y de Izquierda Unida porque funcionó el voto útil contra el PP. Pero también sabe, a la luz de las encuestas postelectorales, que se le escapó voto de centro y que los cerca de 600.000 electores arañados a los populares en 2004, se perdieron. Creen que su estrategia final de oposición, centrada en la inmigración y la economía, fue muy efectiva aunque no pudiera contrarrestar del todo los «excesos» sobre el 11-M, el 'proceso de paz' y el modelo de Estado. Y a eso pretende amoldar su estrategia.
Las bases del partido no han recibido demasiado bien el giro a la moderación de su cúpula que, hasta ahora, se ha resistido a embarcarse en políticas tan rompedoras como la del 'matrimonio gay' en la pasada legislatura. Las diferencias con el PP en inmigración son ahora imperceptibles, la coincidencia es casi total en política antiterrorista y entre las medidas económicas puestas en marcha hay muchas que encajarían más en un Gobierno liberal que en un socialdemócrata clásico. El jefe del Ejecutivo aseveró, sin embargo, que es mucho lo que les diferencia del primer partido de la oposición. «Nosotros no necesitamos disfraces ni decir cada 'equis' años que somos o vamos al centro», sentenció.
Zapatero -que participó en la clausura del Congreso del Partido Socialista de Navarra que ayer eligió como nuevo líder a Roberto Rodríguez- insistió en que sus «recetas» no son las de la derecha. «Todos los días hablamos de crisis -dijo- mi opinión es que hay algunos que nunca tienen crisis económica y hay bastantes que siempre tienen dificultades. A esos es a los que va defender este Gobierno con políticas sociales, venga mejor o peor la economía».
Criticó así las propuestas del PP para reducir el gasto público al dos por ciento, y se comprometió a que España se mantenga como «el país que más recursos aporta ante la crisis alimentaria; un país comprometido en el mundo por los 20.000 niños que cada día mueren por desnutrición, que es una vergüenza que no pueden consentir las sociedades desarrolladas».
Referencia mundial
Con este mensaje, el también secretario general del PSOE, hizo hincapié en su perfil progresista, después de que tanto el secretario de Organización del partido, José Blanco, como el coordinador de la ponencia marco, Jesús Caldera, dejaran claro que las ansias revolucionarias de la militancia -en aspectos como las relaciones con la Iglesia, el aborto o la eutanasia- quedarán en agua de borrajas y no condicionarán la acción de gobierno. El líder de la formación aseguró que el Congreso del próximo fin de semana tiene importancia por otro motivo. A su juicio, el PSOE es la «esperanza de la mayoría de los partidos socialistas del mundo» y una «referencia en Europa». Se comprometió así a «marcar un rumbo progresista en el mundo». Dijo que es «la alternativa y la única salida al fracaso de las políticas neoconservadoras, de derechas», a las que atribuyó la crisis financiera, la guerra de Irak, las dificultades en la lucha contra el cambio climático y la falta de entendimiento entre los pueblos.
En todo caso, se alegró del cambio de actitud del PP tras su congreso: «Yo prefiero que pasemos en tan poco tiempo del 'se rompe España' al 'hay que dialogar con los nacionalistas'. Podremos pensar que les da igual una cosa que otra, eso es lo de menos. Lo importante es que la tesis de la convivencia en la España plural, del respeto a las identidades se defienda por todos», concluyó.







