CINE

CICLO/FILMOTECA
El director Bertrand Tavernier (Lyon, 1945) se muestra convencido, al igual que otros cineastas como Godard, que no hay películas viejas o antiguas,un término contradictorio, anacrónico. A contrario, «en eso que suele denominarse 'películas antiguas' se hallan enseñanzas actuales que nos permiten delimitar los problemas porque esas obras no son prisioneras de la moda».
El director de 'Alrededor de la medianoche', en este sentido, apeló a los ejemplos del pasado y aseguró que «el cineasta tiene que afrontar la responsabilidad de la imagen». Tavernier, que acaba de finalizar el montaje de su última película, 'En la niebla eléctrica' -tras un duro rodaje en Luisiana con Tomme Lee Jones como protagonista- esbozó un itinerario histórico vertebrado por ejemplos de censura y utilización política, manipulación y errores, todos ellos tendentes a «domesticar el poder que se le atribuía a los hombres de la imagen» desde la aparición del cine. Esa querencia de los dictadores por «restituir el hecho cinematográfico para adormecer al público».
Tavernier, que recientemente recibió en Huesca el premio 'Luis Buñuel', dedicó buena parte de su intervención inaugural a analizar los entresijos del vínculo social con la imagen, a la «desacralización narrativa» y a arremeter contra un cine mediatizado o atrapado por «las nuevas tecnologías convertidas en un fin en sí mismas y que desprecia todos los demás valores».
El cineasta de 'Hoy empieza todo', que imparte un foro en la UIMP bajo un epígrafe que es toda una declaración de principios, 'El cine y la vida: Luchamos por una ficción documental', se mostró contundente: «no se trata de negar los adelantos tecnológicos pues muchos de ellos han proporcionado progresos notables -el propio cineasta recordó que había sido uno de los primeros directores franceses en utilizar la 'steady cam', y las nuevas aplicaciones sonoras y de efectos especiales en algunos de sus filmes- pero estas técnicas no tienen que llegar a ser el fin, acapararlo todo en detrimento de los contenidos, de lo que se quiere contar, de la propia historia».
El director de 'Capitán Conan' lamentó el uso recurrente de la tecnología y el efectismo que ha provocado que «el interés y la curiosidad desaparezcan». Al situarse como espectador, Tavernier confesó, a través de un ejemplo, una de sus impresiones habituales ante el cine actual: las sensaciones que le produjo el remake de 'King Kong' frente al clásico del año 1933, protagonizado por Fay Wray. «Este era un cuento de hadas poético en el que asomaban el deseo, la narración sobre la bella y la bestia, mientras que la nueva versión diluía todo eso en los efectos especiales increíblemente bien hechos, pero con tal peso que acababan por aniquilarse los unos a los otros». Esta sensación, que dijo haber experimentado ante muchas películas en estos años, esta fundamentada en una idea clara: «la tecnología prima sobre el contenido».
El director de 'Salvoconducto' y 'Ley 627', cuyas películas se definen por su intento de conocer el complejo contexto social en el que viven sus personajes, también abordó esas fronteras claves a la hora de mirar atrás: la ruptura que supuso la televisión comercial; la cada vez más profusa existencia de películas atrapadas o mediatizadas por la publicidad tanto en su factura como en su visionado, y la conciencia siempre pendiente de «un público cada vez más joven que precisamente ha descubierto el cine a través de la televisión».
Vender los sentimientos
El director y guionista francés se refirió al «ametrallamiento de las películas con los cortes publicitarios»; destacó cómo el público de los años 40 y 50 «comprendía y era capaz de seguir mejor los diálogos de una película» que los jóvenes estudiantes universitarios de hoy, cuya mirada como espectadores estaba educada en la televisión, en el montaje cortante y en cintas que «venden los sentimientos en lugar de explorarlos».
En su itinerario por los contrastes entre la imagen de ayer y la de hoy, Tavernier describió el uso frecuente de una violencia propia de videojuegos que no es dañina en sí misma pero sí carente de juicio. «Son películas en las que siempre falta el contracampo de las víctimas, imágenes donde las consecuencias de la violencia desaparecen siempre». Por ende, y en correspondencia, Tavernier habló de la existencia de «un espectador/consumidor que no busca nunca encontrar sentido a esa violencia y que ante ella suele responder. 'no son más que imágenes'».
El cineasta que iniciara su carrera con 'El relojero de Saint-Paul' subrayó algunas premisas claras a la hora de analizar el presente del cine: el peso casi exclusivo del «éxito inmediato»; el hecho de que «un acontecimiento sin imágenes no existe» y el convencimiento de que «un país que no posee un cine propio es que no es tal». A su juicio, «los nuevos consumidores de imagen sufren esa insidiosa dramaturgia de la impaciencia publicitaria» que el cineasta calificó como «una orgía de la destrucción. Una dramaturgia que es el apoyo para la nueva tecnología a la hora de copiar y manipular imágenes, lo que engendra nuevos comportamientos». Tavernier, quien considera que el presidente de su país, Nicolas Sarkozy, representa «una guerra abierta a la inteligencia», aseguró que las responsabilidades de esa primacía de lo tecnológico y sus consecuencias, «son múltiples, colectivas. Es preciso enseñar a las nuevas generaciones a saber leer las imágenes, a convencerles de que ver una película en blanco y negro no está pasado de moda, que el blanco y negro también es color, que colorear una película es una vergüenza». En opinión del cineasta, «las responsabilidades corresponden a los políticos, pero la respuesta también esta en cada uno de nosotros, en saber insuflar curiosidad en nuestros hijos, en preservar un cine y una librería...».
Sin sometimiento
Tavernier encuentra natural la evolución, los cambios que afloran en la propia adaptación del cine a los tiempos, pero ello no implica sometimiento. «Un director -dijo en su comparecencia ante los medios-, no tiene que obedecer al gusto del público, sino anticiparse». El director y guionista de 'La pequeña Lola' hizo hincapié en que «los cineastas deben tomar la delantera al público, en lugar de convertirse en esclavos de sus gustos». Pese a ciertas reflexiones pesimistas Tavernier no cree en la muerte del cine: «ha sido vaticinada cada vez que aparece un nuevo invento, pero siempre ha sabido sobrevivir, adaptándose a la evolución de la sociedad. Lo que nunca debe ocurrir es que quienes se dedican a él tengan que someterse a esos cambios», insistió.
El cine, apuntó, «se adapta a las nuevas circunstancias. Los directores también se adaptan, evoluciona su mente, es algo totalmente normal». A su juicio, aunque el cine actual se muestre distinto en la superficie al que se hacía en los años 40, hay películas que siguen conservando la misma esencia». De su experiencia de espectador, el cineasta francés se refirió a filmes recienes como 'No es país para viejos', de los hermanos Coen, y 'Pozos de ambición' de Paul Thomas Anderson, que le recuerdan a los filmes de John Houston o Raoul Walsh; o la última Palma de Oro de Cannes, 'Entre los muros', de Laurent Cantet, que readapta el melodrama clásico.
De Rosales a Bigas Luna
El cineasta de 'La vida y nada más', que citó a sus 'mayores', Jean Vigo y Jean Renoir, se refirió también al 'genio' de Pedro Almodóvar al «readaptar o reciclar la manera de hacer cine», aunque su protagonismo «ha tapado lo que hay detrás, de modo que su obra se ha convertido en el árbol que no deja ver el bosque» del cine español. Dejó claro su conocimiento de los directores de nuestro país y elogió especialmente 'La soledad' de Jaime Rosales, a Agustín Díaz Yanes y Bigas Luna, y alabó 'Calle 54' de Fernando Trueba.




