«Para empezar, hay que mentalizar a los propios chavales de que, si están sufriendo cualquier tipo de amenazas, tienen que revelarlo a sus padres y profesores». Y es que, según Sánchez, «los creadores del conflicto se suelen refugiar en el miedo que tienen sus víctimas a revelar su identidad».
Como explicó la fiscal, este fenómeno de tanta actualidad «no corresponde a una sola causa, sino que lo conforman una serie de circunstancias que están contribuyendo a que la violencia en las aulas no sólo se incremente, sino que además se le dé una dimensión pública fuera del ámbito escolar».







