Sin embargo, considerar que el bullicio estival es el gran atractivo de Noja sería minusvalorar los tesoros de esta villa. Situada entre la ría de Cabo de Quejo y el extremo del Brusco, a sus costados se abren los humedales de Joyel y La Victoria, lo que garantiza un entorno natural extremadamente bello y bien conservado, como lo demuestra que estos últimos se encuentren declarados como reserva protegida. Un paseo a pie o en bicicleta por el borde exterior de la localidad permite descubrir también bellas vistas del Cantábrico, cuyo oleaje se estrella contra una sucesión de pequeños acantilados bien perfilados que permiten al visitante aproximarse hasta la colindante Isla. Aunque parece imposible, el perfil costero puede albergar cómodamente a decenas de miles de bañistas.
La playa de Trengandín es una óptima escala donde poner punto final a la excursión por los escenarios naturales de Noja e iniciar otro periplo urbano por las calles de la villa. Ésta ha tenido un desarrollo urbanístico espectacular durante las últimas tres décadas del siglo pasado, que ha respetado el legado de un rico patrimonio arquitectónico construido en los últimos siglos. Las clásicas casonas se encuentran bien presentes en la villa, como revelan las de Antonio García de Zilla y de Cabanzo. No hay que perderse tampoco la antigua torre de Castillo y las ruinas de la torre de Venero, que todavía recuerdan las encarnizadas luchas de banderizos que se produjeron en el norte durante la Edad Media.
* HOSTELERO




