Para unos el proceso es una comedia de la que ya se conoce el final y para otros un pequeño soplo de esperanza del que las víctimas de sus atrocidades puedan tener algo de justicia aunque sea después de muertos.
Fijret Alic vive ahora en Dinamarca, pero de milagro. Casi sin vida, este bosnio musulmán logró ser rescatado de un campo de concentración donde fue internado por las huestes de Karadzic. «Estuve perdido cinco meses. El juicio nos dará las claves de aquella guerra fratricida que enfrentó a personas que antes siempre habían vivido en paz. «Ojalá nunca más vuelva a ocurrir», dice con el recuerdo de la tragedia aún en la mirada.
Sin embargo, el hijo de Hatidza Mehmedovic no tuvo tanta suerte y pereció en la matanza de Srebrenica, junto a otros 8.000 civiles bosnios. Cree que nada de los que se haga con Karadzic y otros genocidas podrá restañar el dolor tras aquel aciago día de julio de 1995. «Nunca perdonaré», afirma casi entre lágrimas, a pesar de que reconoce que el corazón ya lo tiene endurecido. En Belgrado la visión es dispar. Mientras partidarios del ex presidente serbobosnio señalaban que su héroe ha sido ya condenado antes de que empiece el juicio, otros creen que el proceso será una pantomima.
De esa opinión es Kada Hotic, cuyo hijo también pereció bajo la inhumana crueldad de las tropas de Ratko Mladic, mano armada del psiquiatra. «El inicio del juicio ha sido puro teatro. Él (Karadzic) nos robó la hierba bajo los pies y se llevó las nubes del cielo sobre nuestras cabezas. A cambio todo es teatro. Un triste espectáculo», se lamenta.




