En el caso particular del Alto del Cuco, al cuco primero le quitan el nido, después el águila de la crisis inmobiliaria viene a robarle los huevos que había conseguido proteger y al final el cuco termina, sin nido, sin huevos y encima desplumado, dicho todo ello con la máxima seriedad y el respeto que un tema como este me provoca.
Siempre trato de pensar en cómo se puede sentir una persona que padece algún tipo de problema determinado. Personalmente creo que es la mejor medicina para tratar de ponerse en el lugar de otro, proactivamente, intentando ver la cara de las dificultades con los mismos ojos de quien las sufre. Y de este modo me surge una cuestión ¿alguno de nosotros, ciudadanos de a pie, adquiríamos una casa a sabiendas de que es ilegal o de que en algún momento determinado vaya a ser derruida? Es más ¿alguno de los que me está leyendo se aventuraría en un proceso inversor del que supiera que existe algún riesgo en que lo invertido se fuera al garete? Me da que no.
Licencias, planes urbanísticos, recalificaciones, procesos administrativos, informes medioambientales, planes de ordenación urbana, impacto visual o ambiental, es meridiano que todos los que alguna vez hemos comprado una casa hemos pensado en todos estos factores colaterales que... Ah, ¿no? ... Pues no, claro que no; el sistema de legalidad vigente se supone que nos protege de todo ello.
¿Quiénes son los cucos en esta historia?¿Qué medios de defensa tienen los propietarios de antes todo y ahora nada?
Si usted que está leyendo estos pensamientos fuera un afectado de estos desaguisados, ¿cómo se sentiría?Espero y confío en que todos los anhelos de tantos conciudadanos no vuelen, o peor, no se violen sus derechos como tales, sin esperar a que Jack Nicholson nos convenza a todos de lo contrario.
* ECONOMISTA Y CONSULTOR







