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RSS | ed. impresa | Regístrate | Miércoles, 23 mayo 2012

Nacional

INFIERNO EN BARAJAS 1

El siniestro trae a la memoria los accidentes del monte Oíz, Los Rodeos y el choque del DC-9 con destino a Santander
21.08.08 -

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El recuerdo de las tragedias
La escena del siniestro en el monte Oíz fue descrita como fantasmagórica. / DM
El tiempo pasa y hace que los recuerdos se pierdan con su imparable transcurrir. El olvido es un mecanismo de defensa del que el ser humano se ha pertrechado para superar sus muchos pesares. Sin embargo, tragedias como la ocurrida ayer en Madrid, la mayor registrada en Europa en la última década, traen a la memoria colectiva dos nombres trístemente célebres: el monte Oíz y Los Rodeos.

El 19 de febrero de 1985, un día frío y nublado, el Boeing 727 que realizaba el trayecto Madrid-Bilbao se estrelló en la ladera del monte vasco tras impactar con una antena de televisión. Nadie podía imaginar que aquel invierno iba a ser recordado por algo más que por las nevadas más copiosas del siglo. Nadie.

El 'Alhambra de Granada', que así se llamaba el aparato siniestrado, volaba cientos de metros por debajo de la altura de seguridad cuando inició la maniobra de aproximación al aeropuerto de Sondika. La antena no tenía que estar allí, decían las cartas de navegación. Pero estaba. La Guardia Civil y la Ertzaintza, los primeros en llegar al lugar, describieron la escena como fantasmagórica. Los agentes caminaron en silencio por el «cortafuegos» que el aparato había abierto en el bosque, envueltos en una niebla aún más espesa por el humear de los motores del 'Alhambra'.

Un cuarto de siglo después de aquel desastre, los testigos que asistieron a aquellos dantescos momentos no podían borrar de sus mentes lo que vieron: «El avión había caído por la ladera del monte y sus restos quedaron bloqueados en una vaguada. El fuselaje arrasó un bosque de pinos. La desolación era absoluta, brutal», recordaba en tan triste aniversario uno de ellos. Pero lo peor estaba por llegar. Garellano, donde se realizó la identificación de los cadáveres, se convirtió en un improvisado cementerio. «Recuerdo -dijo uno de los presentes- los restos en hileras, formando pasillos por donde nos movíamos con referencias del tipo 'bolsa amarilla 156-B o 'cartera negra con DNI. Eso y el olor a formol que lo empapana todo». 148 personas pagaron un error tan imperdonable como imposible de olvidar.

La mayor catástrofe

Los Rodeos. A este nombre aparece asociada la mayor catástrofe de la historia de la aviación civil. La cadena de despropósitos que desembocó en este desastre parece difícil de creer. Un olvidado grupo terrorista que decía defender la independencia del archipiélago, el MPAIAC, puso aquel 27 de marzo de 1977 un artefacto explosivo en el aeropuerto grancanario de Gando. Su efecto menos perverso fueron los siete heridos que provocó. Lo peor fue que el tráfico aéreo tuvo que ser desviado hasta el pequeño aeropuerto de Los Rodeos, situado en la vecina isla de Tenerife. La única pista con que contaba no era suficiente para dar cabida al tráfago de aviones que pugnaban por entrar y salir en las Islas Afortunadas. La intensa calima reinante tampoco ayudó. Apenas si se veía a cinco metros de distancia. Dos aviones, uno de la compañía holandesa KLM y otro de la norteamericana Pan American, coincidieron en pista. Ninguno sabía de la presencia del otro. Sólo la torre, con sus dos únicos controladores, podía dirigir a aquellos dos gigantes. La confusión, una orden mal comprendida, las interferencias de radio, la imprudencia de los pilotos o Dios sabe qué, hizo que lo impensable sucediera. 583 muertos impiden que este nombre caiga en el olvido.

Pero la triste historia de Los Rodeos ni había empezado ni acabó entonces. En 1972, otro aparato hacía explosión con 155 personas a bordo segundos después de despegar de este aeropuerto de infausto recuerdo. Y en 1980, un Boeing 727 caía a 20 kilómetros del mismo llevándose consigo 146 vidas. La realidad supera con mucho la imaginación del mayor de los trágicos.

Vuelo a Santander

Muchos otros aeropuertos, ciudades, aviones y compañías desearían no aparecer en los oscuros anales de las catástrofes aéreas. Barcelona, La Coruña y Melilla también ha sufrido traumas similares. Y las pistas del propio aeropuerto de Barajas no han podido quedar al margen de esta triste historia. El 7 de diciembre de 1983 un avión de Iberia y otro de Aviaco, éste último con destino a Santander, chocaron cuando se disponían a despegar. 101 personas fallecieron y 42 lograron sobrevivir, todos ellos del Boeing con destino a Roma.

La más reciente de los siniestros aéreos tuvo como involuntarios protagonistas a 63 mili tares que perdieron sus vidas en Turquí a a su regreso de Afganistán.

Las disputas políticas hurgaron en una herida todavía no cicatrizada. El Yak-42 era el último eslabón de una larga cadena que se inició en Barcelona en 1970. Hasta el día de ayer.
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