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RSS | ed. impresa | Regístrate | Miércoles, 23 mayo 2012

Nacional

INFIERNO EN BARAJAS 1

La escenas de angustia en el lugar del accidente se sucedieron también en los hospitales, a los que acudieron los familiares desorientados y en estado de 'shock'
21.08.08 -

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«¿Salva a mi madre!»
Varias furgonetas de los servicios forenses se dirigen a la pista para proceder al traslado de los cadáveres. / EFE
«¿Por favor, salva a mi madre!», gritaba con fuerza y angustia un niño a dos trabajadores del aeropuerto, padre e hijo, José Antonio y Antonio, que aún sintiendo el horror muy cerca lograron reaccionar y rescatar a siete personas.

Pálida, demacrada, exhausta por la excitación y la incertidumbre que le asaltó nada más conocer la noticia, Fernanda Palomino se asomaba ayer sobre las seis de la tarde por la entrada de urgencias del hospital Ramón y Cajal acompañada por su marido, que le rodeaba los hombros con el brazo, tratando de protegerla en un momento de suma fragilidad.

Explicó, sin poder contener la emoción y el nerviosismo, que su hermana gemela viajaba en el avión siniestrado y que por fortuna ha sobrevivido a la tragedia. Gracias a que su hermana trabaja para el SAMUR, los servicios sanitarios en seguida se pusieron en contacto con ella. Sin embargo, aún no se sabe nada de la hermana del cuñado de Fernanda, que tomó el mismo vuelo y que permanecía desaparecida.

Una mujer de unos cuarenta años acudía deshecha a Urgencias, escoltada por la Policía Municipal, para preguntar por un allegado. Histérica, andando de un lado para otro con los ojos bañados en lágrimas, se mantuvo durante horas pegada al teléfono. «Perdonad», preguntaba a los periodistas, al tiempo que hablaba por el móvil, «¿a qué otros hospitales están trasladando a las víctimas?». Después daba instrucciones a la persona que tenía al otro lado de la línea: «Me han dicho que también hay gente ingresada en el 12 de octubre. Vete para allá».

Otro hospital, mismo escenario. El goteo de ambulancias empezó en La Paz a las cuatro de la tarde. Durante los tres cuartos de hora siguientes, se sucedieron la entrada de ambulancias con heridos graves, la mayor parte por quemaduras. Una mujer de unos sesenta años de edad se dirigía al hospital con gesto desesperado. No articulaba palabra, no se identificaba, tan sólo se le escapaba un sollozo desgarrado: «¿Mi hijo está muy grave!». Junto a ella, su marido apenas lograba emitir unas palabras. «La angustia es terrible, sabemos que lo han traído aquí vivo pero en estado muy grave... No sabemos si le veremos », dice entre lágrimas.

Poco después, J. G. de 60 años busca la entrada de Urgencias. «Mi hijo viajaba en el avión. Me ha llamado, así que no está grave. Dice que tiene muchos golpes y que está muy asustado. Es joven y se iba de vacaciones».

De los 28 heridos que ingresaron hasta las cinco de la tarde, sólo veinte seguían con vida a las siete. Son los más afortunados, los que han logrado esquivar este golpe de mala suerte. De esa veintena de víctimas, sólo 16 estaban anoche identificadas. En el Hospital La Paz reposa una niña de unos 11 años en observación, con fractura abierta de fémur. En el Hospital Ramón y Cajal ha ingresado un joven con un traumatismo craneal con levantamiento del cuero cabelludo y heridas inciso contusas en la cara. Él y su hermano, residentes en Canarias, habían pasado unos días con unos tíos en Madrid y regresaban solos en el avión.
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