SOCIEDAD

Strom, ponente en las Jornadas Internacionales sobre la Demanda de Prostitución ('Los Clientes' con Comillas) organizadas esta semana en Madrid por la Comisión para la Investigación de Malos Tratos a Mujeres, recordó las estadísticas que sitúan a los hombres españoles en cabeza de la «liga de compra de sexo», con un 39% que lo ha hecho alguna vez en su vida. En los países escandinavos Finlandia, Noruega y Suecia la cifra es mucho menor, en torno al 12%, y su perfil mayoritario muestra a varones de 30-55 años, con pareja e hijos, amplia experiencia sexual y alejados del «mito del cliente solitario, poco atractivo y sin otra opción sexual».
Como objeto
La psicoanalista argentina Magdalena González rechazó en su ponencia la idea de una «necesidad sexual masculina apremiante e inaplazable» que pretende «justificar en el imaginario social el prostituir a las mujeres». Tras señalar una amplia lista de «clientes prostituidores» -desde el «hombre bueno pero pobre al que ella mantiene», hasta el «cliente prostibulario que sabe de la situación de esclavitud o encierro»-, recalcó que «ninguno denuncia» y que «todos someten a la mujer, en algunos casos sin límites» y hasta con perfiles sádicos, como obligarla a «observar sexo con animales y escuchar relatos aterrorizadores».
El hombre, remachó, «la usa y trata como objeto, pero exige que lo vea a él como persona». González advierte de que las consecuencias al cabo de los años pueden ser comparables a las de las víctimas de tortura física y psicológica. Responsabiliza al sistema patriarcal neoliberal del «deterioro de la conciencia ética» que facilita la «apropiación» masculina del cuerpo de la mujer. Y Bindel coloca la prostitución «dentro de la violencia de género» y como «violación de derechos humanos». Mientras exista, remarca, no habrá igualdad entre hombre y mujer, máxime cuando a «la mayoría de compradores de sexo no les importa si ellas son o no traficadas».




