CATEDRÁTICO DE HISTORIA MEDIEVAL DE LA UNIVERSIDAD DE CANTABRIA

El retrato
-¿Qué tiene la Edad Media que resulta tan atractiva?
-Creo que la clave está en que ha sido una de las etapas históricas que han tenido un importante correlato en la novelística y la cinematografía. Si nos damos una vuelta por una librería, nos encontramos con un montón de obras que se hacen eco de esa visión un poco entrevelada de aquel momento.
-¿No se correspondía con la realidad?
-No me refiero exactamente a eso. Pero es cierto que hay una imagen creada -que comenzaron los historiadores románticos del siglo XIX- en que se representaba a la Edad Media en ese contexto estereotipado de mazmorra de castillo, espada de cruzado y airado eclesiástico. Por otro lado, también es importante atender a las connotaciones de colectivos sociales de aquel tiempo, como los templarios o los cátaros, relacionadas con la clandestinidad y la persecución. En definitiva, la suma de todos estos aspectos es probablemente la que vende tanto de esta etapa de la historia.
-¿Quizá el mayor atractivo de aquel tiempo se centra en las cuestiones que han perdurado hasta nuestros días?
-Pocos aspectos se conservan desde el punto de vista social; pero hay otras muchas que forman parte de la realidad actual. En primer lugar, el idioma, que se consolidó en el siglo XIII con el poema del Mío Cid, las obras de Gonzalo de Berceo o las de Alfonso X el Sabio. También podría destacarse la Universidad; el concepto de ciudad con su reconocimiento oficial, y la Iglesia de aquel tiempo, de quién hemos heredado el calendario. Pero quizá el legado más importante sea el modelo de política contractual.
-¿En qué consiste?
-Me refiero al contrato en términos políticos. Es a partir de ese tiempo cuando todo comienza a regularse con documentos y aparece el concepto de contrato como elemento para manejarse en el ámbito político.
-Un documento similar al que le reconoce a usted con honoris causa...
-Puede ser un buen apartado en mi currículo, (confiesa entre risas). Es todo un honor haber tenido este premio, que veo como una síntesis de reconocimiento al final de mi carrera, no sólo por parte de la Universidad del País Vasco, sino por parte de todos los centros por los que he tenido el privilegio de trabajar, que han compartido la distinción. Además, todo esto me llena de emoción, porque significa mucho obtener este galardón en el País Vasco, con lo que de alguna manera me convierte en algo así como un profeta en mi tierra.
-Señala que le ha llegado el premio al final de su carrera...
-Bueno, me refiero a la cátedra. Me queda tan sólo un año. Después, habrá que seguir por otro camino.
-¿Tiene ya alguna idea?
-Ha llegado el momento de cerrar un ciclo. Prácticamente desde que realicé la tesis doctoral, mis estudios se han centrado en el análisis de las sociedades rurales, y la organización social del espacio, especialmente en el norte peninsular, en un ámbito geográfico que viene a abarcar un espacio que va del Cantábrico al Duero. Después de todo esto, estoy muy interesado en adentrarme en la temática religiosa, en el cristianismo.
-¿Con qué enfoque?
-Resulta muy interesante atender a este movimiento como elemento forjador de criterios y valores. Éste es el mundo en el que me gustaría moverme a partir de ahora, tanto a nivel de un libro de síntesis como a escala de investigación.
-Atendiendo a la carrera de su hermano, Fernando García de Cortazar, podría pensarse que el estudio de la historia es algo que les viene de familia...
-No creo que tenga mucho que ver con eso. De hecho, somos once hermanos, y entre ellos podemos encontrar historiadores, filólogos e incluso un matemático. Lo que sí es cierto es que mi padre, a pesar de ser licenciado en Ciencias Químicas, nos inculcó un amor casi enfermizo por la lectura.
-Así comenzó la inquietud de sus hermanos filólogos...
-Puede ser. Sin embargo, también recordaré siempre los amplios conocimientos históricos que mi padre conservaba de sus estudios de Bachillerato. Era químico, pero siempre me apasionó la carga de materia histórica que atesoró durante su tiempo de enseñanza media.
-En su carrera como docente ha pasado por algunas de las mejores universidades de España. Al final se decidió por Cantabria...
-En aquel momento, la movilidad de los profesores era mucho mayor. La figura tan común ahora del catedrático que se ha licenciado en una universidad, ha trabajado como adjunto en el mismo centro y finalmente obtiene la plaza, no se veía entonces. En mi caso, me licencié en Valladolid, donde también ejercí como ayudante. Después estuve en Salamanca y más tarde obtuve la cátedra en Santiago de Compostela. Aquel lugar me gustaba mucho.
-Pero...
-Tenía un inconveniente muy grande; no había mar, (confiesa entre risas). Además, todo aquello quedaba muy lejos del centro de mis estudios, el eje dibujado del Cantábrico al Duero.
-Y qué mejor manera de continuar las investigaciones que sumergirse en ellas...
-En Cantabria conocían mi interés por venir, y cuando se creó la Facultad de Historia en Santander, acepté encantado.
-También le queda más cerca del País Vasco...
-Exacto. Viene muy bien para estar más cerca de la familia.
-Especialmente si se tiene en cuenta que usted no tiene coche, ni lo quiere, ni sabe conducir...
-Le voy a confesar un secreto. Tras el empeño de mi mujer, que lleva el coche desde hace muchos años, comencé las clases prácticas, y hasta preparé la prueba teórica. Pero fue inevitable, cuando llegó el momento en el que sólo quedaba la evaluación, me pudo el temor a ser examinado. De manera que unas veces gracias a mi mujer, y otras utilizando el servicio de autobuses, me voy arreglando, (añade sonriente).




