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RSS | ed. impresa | Regístrate | Jueves, 9 febrero 2012

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FÚTBOL

Su aportación fue determinante para que los blancos ganaran al Málaga con demasiado sufrimiento y los culés apabullaran a un Valladolid impotente

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Nunca Schuster le podrá estar tan agradecido a Higuaín como tras el épico y polémico triunfo ante el Málaga. Le brindó la titularidad en punta y el franco-argentino, de sólo 20 años, le respondió con cuatro goles que tumbaron al equipo de Tapia en uno de esos partidos locos que son una bendición para los espectadores, una tortura para los técnicos y que casi siempre gana el Madrid porque tiene más pegada y más carácter ganador. Los malaguistas lo vieron ganado antes de tiempo, cuando se pusieron en ventaja a 21 minutos del final y disponían de un jugador más, pero Higuaín, la casta blanca y el valor añadido del Bernabéu les condujeron a la derrota.
Más allá del agónico y meritorio triunfo, el duelo dejó patente que el sistema defensivo del Madrid es una calamidad y que Sergio Ramos vive sus peores momentos en Concha Espina. Está mermado física y anímicamente. Fue un coladero por su banda, donde es cierto que no recibe ayudas y se come todos los marrones, y además se expulsó con un pisotón alevoso e injustificable al portugués Eliseu al borde del descanso.
Schuster sorprendió con su planteamiento. Lesionados Pepe, Robben y Van Nistelrooy, prescindió de Raúl, colocó de ariete a Higuaín y pobló el equipo con medios puntas como Sneijder y Van der Vaart. No le fue mal en este aspecto al teutón porque su delantero estuvo inmenso y siempre mantuvo vivo a su equipo. En el medio apostó por el fútbol de Gago en lugar de la brega de Diarra. Y, como era previsible, no castigó a Guti, su mejor pasador, por salir de juerga hasta bien entrada la madrugada horas después de pedir más compromiso al equipo.
El líder
El Barça seguirá otra semana encaramado al podio de la Liga con otra goleada de escándalo ante el Valladolid (6-0). En ausencia de Andrés Iniesta, Leo Messi se multiplicó para dirigir las andanadas azulgrana que Samuel Eto'o, con cuatro tantos, se encargó de materializar en otra espectacular noche en el Camp Nou. Menudos dilemas. Plantar la defensa frente a tu área o sacarla veinte metros hacia fuera. Presionar la zona de construcción o replegarse atrás. Hasta el momento todos los rivales del Barça habían optado por un planteamiento más conservador hasta que llegó Mendilibar. El técnico vasco del Valladolid quiso ser valiente.
Planeó agobiar a los centrales azulgrana provocando que su defensa estuviese con la retaguardia demasiado despejada. Conclusión. El líder de la Liga también les metió cuatro goles antes del descanso. El Barça de Guardiola supo manejar la situación. Márquez y Piqué tenían muchos problemas para construir la primera acción de pase. Así que los azulgrana se saltaron el centro del campo. Le bastaron las incursiones de Alves y la movilidad de Messi para desnudar a su rival. El argentino perdió la banda para aparecer en todo el campo como nexo de unión clave entre sus compañeros.
Todas sus acciones tuvieron a Eto'o como protagonista. El camerunés marcó cuatro tantos en poco más de media hora. Estrenó su cuenta goleadora aprovechando con maestría una genial asistencia de Alvés. Siguió mojando tras un rechace de Asenjo a disparo de Henry. Continuó con una nueva definición de matador ante el portero vallisoletano para cerrar esa imparable racha aprovechando un rebote en Pedro López tras un intento de jugada 'maradoniana' de Messi.
El Barça era un vendaval. Las acciones de su crack argentino resultan imparables. Muchas de ellas nacían en acciones de contraataque que pillaban desguarnecida a la zaga visitante. La clarividencia de Messi y la puntería de Eto'o lastraban la atrevida voluntad de Mendilibar. Tras un par de aproximaciones de Goitom y de Sesma abortadas por Valdés, el Barça volvió a las andadas. Asenjo tenía nuevas dosis de trabajo. Y si Touré, Xavi o Márquez no conseguían batirle, el propio portero se complicaba la vida con una innecesaria cesión a García Calvo que le acabaría volviendo en forma de tanto por culpa de un toque sutil de Gudjohnsen. El Camp Nou -irán pocos pero se lo están pasando en grande-, rebosaba alegría. Sus jugadores encadenaban una nueva goleada.
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