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RSS | ed. impresa | Regístrate | Miércoles, 22 octubre 2014

Cultura

EXPOSICIÓN

Sobre la exposición de la galería Cervantes

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El lirismo pictórico de Ruiz-Poveda
El pintor Miguel Ruiz-Poveda, en la galería Cervantes. / D. PEDRIZA
Si no me falla la memoria, la última vez que vi expuesta la obra de Miguel Ruiz-Poveda fue en el año 2002 en esta misma sala. Está claro que Miguel Ruiz-Poveda sigue siendo el artista que impregna de lirismo todas sus telas y como si anduviera caminando de puntillas. Tal es la sensación de tranquila quietud que se respira en esta muestra al contemplarla con calma. Honradamente yo no sabría con cual pieza quedarme porque, en general, la obra presentada es un rosario de belleza en cada una de sus cuentas asi que, si el artista me lo permite, habré de circunscribirme a unos determinados cuadros en particular sin obviar un vistazo general que al menos me deje con la tranquilidad de haber escrito lo que tenía que escribir.
El leit motiv de esta exposición es, evidentemente, el paisaje. Dice bien el galerista que este pintor es de esos en los que el color se puede coger a puñados. Efectivamente es cierto. En estos lienzos, en estas tablas -los soportes son de las dos clases- el color chorrea y se agolpa en grumos matéricos bien estudiados y bien distribuídos. El cuadro está equilibrado le miremos por donde le miremos, no hay nada que sobre ni nada que echemos en falta, y estoy hablando en general cuando me refiero a 'el cuadro'. No hará falta aclarar que hablo desde lo alto para descender al conjunto de las piezas presentadas. En este caso "el cuadro" son los cuadros. Asi que, aclarado este punto, he de insistir en eso de la materia distribuída en profusión de masas de pintura y de color. El tratamiento es en pincelada y espatulado grueso extendiendo la pintura en capas superpuestas que consiguen, además, un excelente relieve que, además de bello, es efectista.
Encinas, olivos, pinos, malezas. se convierten en protagonistas del cuadro y bien cierto es que ese protagonismo salta a la vista en cuanto nos detenemos ante el lienzo a observar. Parece que lo demás es mero acompañamiento. Lo frondoso de las copas del árbol atraen nuestra vista como un imán y, el silencio 'pintado' nos conduce al lirismo que este pintor plasma, en definitiva, en todas sus obras.
Cuando no son los árboles nos topamos de bruces con tres paisajes plenos de ternura en los cuales unas decenas de casitas aparecen pintadas como trepando por la ladera de una colina. Estas tres obras son sencillamente deliciosas y de una delicadeza tan sutil que ni tan siquiera su aparente barroquismo hacen el efecto de sobrecarga en lo creado. El lirismo de Ruiz-Poveda puede con todo y así esas casucas pueblerinas parecen encaramarse, monte arriba, con sincero equilibrio.
Hay un par de piezas que se limitan a ofrecernos la visión de dos trozos de fachada. Hay qué ver con estas piezas. Una de ellas, la mayor, está pintada sobre tabla a base de capas y capas de materia superpuesta en pincelas, pasadas y aplastamiento de espátula, rayones con el extremo del pincel y del filo de la espátula que incluso hace 'trabajar' el fondo del soporte. La vejera de estas fachadas así como lo que tienen de humanidad nos llevan, inconscientemente, a pensar en quiénes estuvieron dentro de esa casa, en sus vidas silentes, sufridas, en fin, váyase a saber la cantidad de calor humano que puede, o ha podido, haber dentro de sus cuatro paredes. Estas piezas, a pesar de la aparente ruina que nos ofrecen, tienen una musicalidad delicada propia de un solista de piano que desliza sus dedos, suavemente, sobre las teclas de una forma lírica (otra vez el lirismo) y llena de conseguida serenidad.
Otras dos piezas que me han llamado la atención son las denominadas 'Paisaje de Cantabria' y 'Paisaje con olivos'. Las dos son excelentes y con atractivo especial Incluso en la del 'Paisaje de Cantabria' las montañas se humanizan con la insinuación de unas cabañas colocadas aquí y allí. En el otro paisaje que menciono, de un tamaño menor, los ocres se salpican de olivos en la lejanía dejando el protagonismo a la amplitud de la tierra parda contrastada con los verdes del lejano arbolado y el azul del cielo.
La visita es interesante porque la muestra de Ruiz-Poveda lo es también.
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