Para llegar hasta la ermita de Sanjero hay que conocer la zona. Hay quien siendo del municipio no sabe exactamente donde está pero también hay quien, sobre todo ahora, recomienda pasear hasta allí para ver el resultado de las obras de rehabilitación del pequeño santuario del siglo XIX. El paso del tiempo y el abandono más absoluto habían convertido el edificio en un montón de piedras sobre las que la maleza había acampado a sus anchas.
Ante esta situación el alcalde de Suances, Andrés Ruiz Moya, se puso en contacto con los responsables del Servicio Cántabro de Empleo y les propuso invertir y compartir una partida para rehabilitar la ermita de Sanjero. La idea no les pareció descabellada, puesto que tenían un dinero reservado para que la Escuela Taller de Suances trabajara sobre el antiguo molino de marea de Cortiguera. La autorización para esta obra se tornaba compleja porque estaba en un terreno que dependía de Demarcación de Costas, así que con la subvención prevista para este trabajo que nunca llegaba, se ha rehabilitado el pequeño templo de Hinojedo. La inversión asciende a cerca de 700.000 euros, de los que el Ayuntamiento financió un 20% y el resto, el Servicio Cántabro de Empleo y el Fondo Social Europeo.
Respetar la historia
La premisa con la que, bajo las ordenes de Serafín Bustamante, han trabajado los veinte jóvenes de la Escuela Taller era restaurar el edificio respetando la propia historia de la ermita. La tarea no ha sido fácil puesto que por su estado de abandono, el templo se encontraba próximo convertirse en una ruina. Así que muchas partes han tenido que ser reconstruidas y otras, ya inexistentes, han vuelto a cobrar forma a partir de la nada. A diario y junto a todos los chavales ha estado Pilar González, la concejala de la Escuela Taller, que ultimó todos los detalles para que el jueves la ermita pudiera inaugurarse por todo lo alto.
Los trabajos comenzaron la pasada primavera y los primeros consistieron en la limpieza y desbroce de las hierbas que abrazaban el edificio, así como en la demolición de lo que quedaba de cubierta.
El altar y la cruz
El porche y la nave principal se encontraban en un estado de conservación muy malo. Entre la maleza aparecieron restos de lo que fue el altar de piedra caliza, así como algunos de los pináculos y la cruz, que a día de hoy vuelven a estar en el lugar para el que fueron concebidos en el siglo XIX. Al lado, la sacristía conservaba su cubierta de teja curva árabe con una estructura de madera, pero la arquitecta Patricia Paricio comenta que «fue necesaria su demolición y sustitución por una de similares características». Finalmente, y tal y como explica Paricio, «el proyecto ha consolidado el edificio protegiendo aquellas partes que, por el paso del tiempo, habían sido degradadas, y reconstruyendo aquellas que habían desaparecido».
En este trabajo, los jóvenes han aprendido cuatro oficios: albañilería y cantería, carpintería y jardinería, ya que tal y como reconocen algunos de los alumnos, «todos hemos hecho de todo». Para ellos, la experiencia ha sido muy satisfactoria a pesar de estar «a pie de obra desde la ocho de la mañana hasta las tres de la tarde, lloviera o hiciera frío o viento», explicaba uno orgulloso de su esfuerzo. Ahora, los vecinos de Hinojedo podrán celebrar allí alguna de sus fiestas o dar cobijo a algún peregrino que pase por el Camino de Santiago que atraviesa la zona.