Traducir el humor del lenguaje o del guión original y, muy especialmente, los juegos de palabras es tarea compleja. Según una investigación sobre traducción audiovisual, el 35% de estos malabares lingüísticos originales de los Hermanos Marx se perdió cuando fue trasladado al castellano.
La autora de este estudio, la santanderina Anjana Martínez Tejerina, ha analizado la traducción audiovisual de las películas de los Marx y ha llegado a una conclusión: el humor original de estos hermanos no se entendió en su totalidad cuando sus películas se exhibieron en España y, posiblemente, «pareció más absurdo de lo que ya era». 'La traducción para el doblaje del humor basado en la polisemia: Los Hermanos Marx cruzan el charco' es el título de este trabajo que, como tesis académica, ha sido dirigido por el profesor de la Universidad de Alicante John Sanderson.
Tras visionar las películas originales y las dobladas al castellano de los Hermanos Marx, Anjana Martínez ha analizado un total de 240 juegos de palabras, de los que en el 65% de los casos «se logró trasvasar el efecto del humor de un idioma a otro». Este porcentaje de «humor bien trasladado» lo logró el traductor, bien porque el juego de palabras coincide tanto en inglés como en castellano o por un trabajo de «cosecha propia» del traductor que logró que, a pesar de las diferencias lingüísticas, el humor original de los Marx se entendiera en los cines españoles. Pero, ¿qué ocurrió con el 35% restante de los juegos de palabras?. «Se perdió o se entendió de forma absurda», responde esta licenciada en Traducción. Tal es así que, si bien en los países anglosajones se tiene a los Marx como ejemplo del humor basado en el doble sentido, en España «tenemos una imagen de estos cómicos como paradigma del denominado humor absurdo», según Anjana Martínez.
Aunque cabe la posibilidad de que las connotaciones sexuales se eliminaran debido a la censura existente de la época, Anjana Martínez no duda en afirmar que en muchos casos no hubo una fidelidad a la intención original y en otros se optó por una traducción literal, perdiendo así la ambigüedad semántica y, por tanto, el humor.
De hecho, algunos directores de cine, como Stanley Kubric o Woody Allen, conocedores de estas «deficiencias» en la traducción, han optado por intervenir en el proceso de traducción con el fin de que sus películas lleguen a los cines de todo el mundo con la carga semántica correcta, ya sea comedia, tragedia o terror.
La autora de esta investigación sostiene que el origen de los errores no sólo obedece a un posible mal trabajo del traductor, ya que se deben de tener en cuenta muchos otros factores, entre los que destacan «las malas condiciones laborales de esta profesión».