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RSS | ed. impresa | Regístrate | 10 febrero 2010

Sociedad

SOCIEDAD

Hiperactividad, depresión, dificultades para centrar la atención o problemas con el lenguaje, principales alteraciones en la infancia
26.12.08 -

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El 20% de los niños tiene algún trastorno de conducta o aprendizaje
Las franjas de edades donde se establecen los trastornos de salud más comunes son en la infancia. / REUTERS
Los trastornos en la infancia son mucho más comunes y tienen una incidencia mucho más elevada de lo que supone la opinión pública. Entre un 15 y un 20% de la población infantil sufre algún trastorno de conducta o de aprendizaje que tiene diversos prismas según se trate de niños en edad preescolar o de cinco años hasta la pubertad, según el doctor Josep Artigas, neuropediatra y psicólogo, que prefiere denominar a estas alteraciones como «trastornos del neurodesarrollo». Pero, ¿cómo y cuándo se puede detectar que nos enfrentamos ante estas alteraciones de la salud? Cuando una situación difícil o conflictiva, ya sea dentro del entorno familiar o escolar, es persistente, no eventual, y causa un perjuicio en la convivencia familiar o porque el niño no sigue el aprendizaje como el resto de sus compañeros. «Si la situación no es puntual, sino que persiste durante meses, por ejemplo seis, que es la cifra mágica que dan los manuales, nos enfrentamos ante la cronicidad de este problema», indica Artigas.
Las franjas de edades establecen los trastornos más comunes en la infancia . De los dos a los cinco años se registran los trastornos de la conducta y del lenguaje y, en menor proporción, «pero nada despreciable», lo que los especialistas denominan el trastorno del espectro autista. A partir de los cinco años hasta la adolescencia, se contemplan también estas alteraciones, a las que se suman los trastornos de déficit de atención e hiperactividad, los de aprendizaje específicos (como la dislexia) y surgen otros con una manifestación de tipo emocional, como la ansiedad y la depresión. Los tics también se incluyen en estas alteraciones, una tipología tipificada en medios científicos como el 'trastorno de Tourette'. Los problemas en áreas concretas del aprendizaje, como la lectura o el cálculo, se subsumen en los problemas mencionados.
El correcto abordaje de estas preocupantes incidencias en la vida de los niños pasa, primero, por el diagnóstico y, segundo, por la comprensión del problema. «Que se entienda que lo que le ocurre al niño no es porque se trate de un vago, un maleducado o un malcriado por sus padres, sino que padece unas dificultades intrínsecas derivadas del funcionamiento de su cerebro», acota Artigas. «Si esto se entiende, se le puede ayudar mucho en el colegio y en su casa». Pero si la situación se desborda, se entra en la opción de suministrarle alguna medicación y, si se trata de un problema de aprendizaje, plantear una 'reeducación' para el problema específico que sufra el niño.
Sistema educativo
El sistema educativo juega un papel crucial ante estos desórdenes del neurodesarrollo. «Su papel es crítico, decisivo, porque es el punto caliente donde la mayoría de estos problemas se evidencian y afloran más, toda vez que es donde el niño aprende y convive», subraya el experto. Además, es el sitio donde se puede 'canalizar' la situación de forma más adecuada, siempre que el maestro «entienda a ese niño y se ponga de su parte».
«La disciplina -enfatiza el doctor- no es la solución mágica, ni limitarse a decir que las familias no se ocupan de sus niños, porque lo hacen mucho más de lo que pueda parecer».
Desde el punto de vista médico, el tratamiento de estos trastornos debe ser multidisciplinar, terapéutico pero también farmacológico. «Se trata de evitar que el niño pierda su autoestima y la confianza en sí mismo, que se sienta un fracasado y pierda a los amigos. Porque esto le llevará en el futuro a un fracaso profesional y social. Hay que utilizar todos los medios a nuestro alcance, incluidos los fármacos, aunque a veces estos tengan mala fama», dice Artigas. Y es que, arguye, considerar que administrar medicamentos a los niños es perjudicial «es un error». «Si nos dijeran los efectos secundarios de una hamburguesa, seguro que supera la del 90% de los fármacos que se utilizan», argumenta.
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