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RSS | ed. impresa | Regístrate | 9 febrero 2010

Cultura

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«La democracia aún no ha llegado a la política cultural cántabra»
Raúl Gil ha dejado atrás la política activa para consolidarse en el oficio de la escritura mientras persigue esos espacios donde pueden habitar sus pasiones .El ex director general de Juventud revela para 'De Marcha' su íntima experiencia con la literatura y expone sin tapujos su critica social y política sobre la situación de la región.
Obtuvo el primer premio por su relato corto 'La última carta' en el VIII Certamen Literario 'Al-Andalus'; ultima un libro de relatos; y su creación literaria también forma parte del volumen 'Relatos en cadena', que acaba de ver la luz en Alfaguara, fruto del certamen nacional radiofónico de microrrelatos, impulsado por el espacio 'Hoy por Hoy' de la cadena Ser, en el que resultó finalista. El santanderino Raúl Gil, ex director general de Juventud, ha dejado atrás la política activa y la gestión pública para buscar con afán ese territorio que le consolide en el oficio de la escritura, mientras persigue esos espacios donde puedan habitar sus pasiones: «leer, escribir relatos, viajar y catar buen vino». Presume de ser medio gallego y barcelonés militante; pensó estudiar sonido para trabajar en la radio con Iñaki Gabilondo, o Ciencias Políticas y hacerle discursos a Felipe González. Nunca oculta su entusiasmo por la política -fue diputado- aunque ahora está vinculado al proyecto del Parque Científico y Tecnológico de Cantabria. Raúl Gil reivindica el talento de muchos jóvenes escritores de este país, que están fuera del circuito comercial, y apuesta «tanto por los buenos escritores, como por los buenos lectores». Aquí nos cuenta su íntima experiencia con la literatura y con la expresión a través de Internet, y nos expone sin tapujos su crítica social y política.
-¿El fin esencial es ver el relato publicado?
-Para mí lo esencial es crear, aunque es bonito verlo publicado en papel: tocarlo, olerlo. El proceso por el cual un folio en blanco se convierte en algo con personalidad propia es mágico. De repente, tienes algo que contar, que escribir y lo viertes en un papel y, poco a poco, va creciendo, adquiriendo vida, y deja de formar parte de ti, tanto que hay veces que incluso te cuesta reconocerlo.
-¿Qué es para ti la escritura?
-La escritura es liberación, es refugio, es necesidad, es droga. La escritura es adictiva, y, como cualquier adicción, a ratos es cruel: cuando te abandona o cuando tienes el mono. La escritura es un don y cada día que pasa hay que celebrar que haya gente en este mundo que tenga ese don y nos haga la vida más llevadera. A mí me gustaría presumir de ello, pero debo trabajar muchísimo todavía.
-¿Te has planteado una trayectoria profesional?
-No, eso me suena casi a ciencia ficción. Me gustaría seguir publicando, por supuesto, porque escribo también para que me lean, y tengo esa necesidad de contar cosas y compartirlas; pero poca gente puede dedicarse en exclusiva a la literatura, y una buena parte de los que lo hacen -los de las ventas millonarias, los de los exigencias editoriales. - son los culpables del pobre nivel que hay en los escaparates de la mayoría de las librerías. Lo que sí quiero es tener un oficio de escritor, como el de Pessoa o el de Kafka: un oficio que me permita tener tiempo y la cabeza desocupada para poder escribir.
-¿Qué proporciona el hecho narrativo?
-Lo considero una especie de huida, un agujero por donde escapar momentáneamente de este mundo envenenado, pero también una exploración de uno mismo. Es la manera más sencilla de conocerse, de saber qué tiene uno dentro... Como dice Antonio Tabucchi, en un personaje ponemos mucho de nosotros, pero no lo sabemos; son cosas que desconocemos y vamos descubriendo gracias a ese personaje.
-¿Por qué tienes un blog y qué aporta?
-Reconozco que mi blog nació por imitación, porque al principio no tenía una verdadera necesidad; pero con el tiempo se ha convertido en un elemento importante en mi vida. No me considero un bloguero, simplemente tengo cosas que decir, que gritar, a veces, y uso la herramienta más sencilla y más inmediata: la red. En la parte negativa, ha sido terrible descubrir que la gente que prefiere que le hables de flores en lugar de muertos -aunque el olor sea insoportable-, también pretende lo mismo en la versión internet.
-¿A qué atribuyes la moda del microrrelato?
-Es un reflejo de la posmodernidad: el triunfo de lo efímero, de lo líquido. Me uno a Enrique Vila-Matas y reivindico la literatura portátil. Me pongo de parte de los autores cuya obra completa cabe en una maleta, porque esos son los más libres. El microrrelato es una oportunidad para contar cosas sin caer en la tentación de los esquemas, de los prefabricados, de la copia... Me parece un ejercicio supremo y único de creación literaria.
-¿La necesidad de contar historias es casi atávica o crees que refleja un estado de nuestra época?
-Pienso que forma parte de la condición humana. Nacemos, crecemos, nos reproducimos y morimos, y por el camino vamos contando historias. Lo que ha evolucionado mucho es la forma de contarlas. En mi caso he pasado de estar muy pendiente de la trama y los personajes a centrarme en la propia literatura, en la reflexión, mezclando la ficción con la realidad sin poner ningún límite a la creación. No me interesa si tal personaje tiene los ojos negros y grandes, sino lo que está pensando o por qué se comporta de una u otra manera.
Radiografía crítica
-Te propongo que dibujes tu radiografía de la vida cultural de Cantabria
-La vida cultural cántabra está ingresada en la UCI con pronóstico reservado. Sólo la gente que no tiene la necesidad de venderse personalmente aporta algo a la cultura de esta región. En realidad, no podemos esperar mucho de los gestores de la política cultural, porque alguno no ha leído un libro en su vida y la mayoría hace tiempo ya que ha gastado todas las palabras de auto adulación. Aún así, hay esperanza; está en los creadores, en los proyectos pequeños, en la gente que hace cultura porque lo necesita para sentirse bien al levantarse por las mañanas. La esperanza está en que cambien las cosas de una vez, porque en nuestra región no ha llegado todavía la democracia a la política cultural.
-¿Por qué crees que han fracasado la mayoría de las iniciativas culturales alternativas o con personalidad al margen de las grandes instituciones?
-Porque las grandes instituciones tienen la tentación de utilizar la cultura como elemento propagandístico de sus valores o ideas, y las iniciativas culturales con personalidad desprecian esa burda manipulación. Como no hay un mercado cultural consolidado, los proyectos dependen en buena medida del presupuesto público, y ahí empiezan los problemas. Lo lógico es que un proyecto cultural dependa de la voluntad de los creadores, de los artistas, de los profesionales que lo dirigen, no de si le hace más o menos gracia al político de turno, o de si le reporta más o menos votos. En el ámbito de la literatura, todo el mundo sabe que si escribes un libro sobre Laro el cántabro o ambientado en el marco incomparable de la bahía de Santander tienes muchas más posibilidades de que te lo publiquen, y, lamentablemente, hay mucha gente que entra a ese juego.
-¿Qué opinas de la candidatura de Santander 2016?
-Tal y como está planteada, me parece una broma de mal gusto. Creo que está diseñada para la promoción personal de dos políticos con un ego superlativo, como son De la Serna y Marcano, con el sustento de un banquero insaciable que lo que pretende es aumentar su cuota de mercado. ¿Alguien es capaz de decirme un sólo proyecto o evento cultural interesante que haya promovido el Ayuntamiento de Santander desde que se anunció la candidatura? No se puede competir en esas condiciones con ciudades como Córdoba, Cáceres o San Sebastián, porque es un fraude a la ilusión de los santanderinos. El dominio de las técnicas de persuasión y de la campaña permanente no siempre aporta buenos resultados, porque la gente se termina dando cuenta de que le están dando gato por liebre. Santander está pidiendo a gritos una apuesta cultural totalmente diferente, hecha para un público moderno, alejado del cansino 'STV', pero eso sólo puede ocurrir con otros gestores y una filosofía radicalmente distinta: dar la palabra a los creadores.
-¿Dirías que existe un magma cultural, un colectivo de creadores que permanece invisible?
-En Cantabria hay muchísimo talento creativo. Bastante más de lo que algunos piensan. En todas las disciplinas y con estilos muy diversos. Tenemos nombres muy importantes como, por ejemplo, Nacho Vigalondo, Alberto Santamaría, Nacho Mastretta, Gorka Mohamed, Vanessa Amutio, Pablo Bolívar, Álvaro de la Hoz, Cristina del Campo, Lorenzo Oliván. Me vienen a la cabeza más de cien creadores de primer nivel. El problema es la falta de oportunidades, de espacios y proyectos en los que mostrar ese talento. Es cierto que hay un emergente circuito alternativo, resistiendo con muy pocos apoyos, pero necesitamos que la mayoría de nuestros creadores den un paso al frente para ocupar -aunque sea por la fuerza creativa- el lugar que les corresponde en el panorama cultural. Cuando llegue ese momento, la mediocridad dominante comenzará a temer por su supervivencia y todos seremos mucho más felices.
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