«Sólo quiero que cojan al culpable. Me he comido el 'marrón' por tener allí una estabulación y estar enemistado con el jefe de los guardias forestales», argumentó en su defensa el hombre acusado de provocar en marzo de 2005 un incendio en dos montes de utilidad pública, próximos a la Reserva del Saja. Las llamas destruyeron 21 hectáreas de monte, una superficie igual a dos campos de fútbol. Entre el arbolado había robles, hayas y acebos de más de 40 años y gran porte.
Seguro y firme, Plácido P. G. negó haber prendido el fuego que destruyó el monte protegido y aseguró que a la hora en que se produjo el siniestro se encontraba en casa de su madre con su familia y amigos celebrando su cumpleaños, testigos que se han convertido en su mejor coartada.
Plácido, encofrador de profesión y ganadero por afición, se enfrenta a una pena de dos años de cárcel y al pago de una indemnización millonaria de 271.000 euros, que le piden el Ministerio Fiscal y el Gobierno de Cantabria, que ejerce la acusación particular. Ayer se sentó en el banquillo de los acusados en el juicio con jurado popular que se celebra en la Audiencia de Cantabria.
Fiscal y Gobierno basan sus acusaciones en el testimonio de los dos agentes forestales de la Reserva del Saja, que le detuvieron. Constituyen su principal prueba de cargo. Estos testigos dicen que vieron al acusado quemando el monte en ese punto. Pero ayer el ganadero trató de desacreditarles. «Puedo demostrar sobre el terrero que es imposible ver mi estabulación desde el punto donde los agentes dicen que se encontraban. Es una ladera tan 'pindia' y hay un arbolado tan denso de robles que no se puede ver y se lo puedo demostrar en el lugar», afirmó en su descargo para cuestionar la veracidad de la versión de los guardas.
En su defensa aseguró que ese mismo día, el 26 de marzo de 2005, los mismos guardias detuvieron a otra persona que ha sido condenada ya por un incendio forestal. En el mismo sentido declaró al tribunal popular que en la zona del siniestro (montes Brazos y Tejas Dobra) pastan reses de otros 30 ganaderos, aunque su estabulación es la única que se encuentra allí.
Cumpleaños sorpresa
El incendio se produjo sobre las cinco y media de la tarde. Ese día, según explicó Plácido, era sábado y no trabajaba. Sobre las 9 ó 10 de la mañana subió al establo a atender el ganado y estuvo allí hasta la una menos cuarto de la tarde. Después se fue a su casa y «al rato comió». Luego se fue con un amigo a sembrar patatas y «terminamos sobre las cinco de la tarde». Aseguró que el compañero le llevó en coche hasta Somahoz, a casa de su madre, para celebrar su cumpleaños en familia. Allí estuvo hasta que a las diez de la noche dos agentes del Medio Natural interrumpieron la fiesta y le acusaron de quemar el monte. «Me dijeron: 'admítelo, que te hemos visto. De lo contrario se te va a caer el pelo'», énfatizó el acusado.
Según su versión, «yo me puse muy agresivo. Hubo un momento tenso aunque al final nos dimos la mano». Negó haber quemado el monte. «¿Cómo voy a hacerlo. Tengo cientos de balas de hierba en la cuadra y, si prendo fuego, tengo la candela cerca y más entrando la noche? Lo que puedo hacer es hablar con los vecinos para que dejen de pegar fuego al monte porque me están cargando a mí esto», les dijo.
En la jornada de hoy, los agentes forestales darán su versión de lo ocurrido.