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RSS | ed. impresa | Regístrate | Lunes, 15 septiembre 2014

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Los nuevos casos de esta enfermedad infecciosa podrían superar en el mundo el medio millón, aunque la OMS registró sólo 260.000 en 2008

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La lepra es una enfermedad perfectamente curable. Pero su estigma no. Persiste y marca la vida de quienes padecen este mal, «la menos contagiosa de las enfermedades infecciosas», según destaca la dermatóloga y especialista Monserrat Pérez López. En 2007 se registraron en el mundo 260.000 nuevos casos de lepra y apenas una veintena en España. Pero la cifra real podría superar el medio millón.
Los expertos saben que el miedo a una infección que fue terrible antes de disponer de los tratamientos que la neutralizan hace que se oculten datos, en especial en África y en los países con más prevalencia, como India y Brasil. Podrían ser así más de 500.000 los casos nuevos que cada año se registran en el mundo, según explicó la doctora Pérez López en vísperas del Día Mundial contra la Lepra que se celebra hoy. La jornada coincide con el centenario de Fontilles, centro pionero y de referencia para el tratamiento del lepra en nuestro país un siglo después de su creación.
En España se detectaron el año pasado 25 nuevos casos de lepra. Sólo dos de los afectados eran españoles. El resto son inmigrantes, procedentes en su mayoría de Sudámerica y muy especialmente de Brasil, Colombia y Ecuador. Brasil e India son los dos países con mayor prevalencia de esta infección, causada por el bacilo mycobacterium leprae que el médico noruego Gerhard Armauer Hansen descubrió en 1873. Por lo común los inmigrantes que padecen lepra llegan a España «infectados pero no diagnosticados», reconoce Monserrat Pérez, que recuerda que «el periodo de incubación es muy largo».
'Olvidada'
«Las bacterias viajan como nosotros y tendremos que ponernos las pilas, en especial la clase médica, para batallar con unas enfermedades que tenemos 'olvidadas' pero que con la inmigración repuntarán y se trasladarán de un continente a otro» advierte la dermatóloga. Es una de las especialistas de la fundación Fontilles, creada en 1909 y que atiende hoy en su sanatorio del alicantino Vall de Laguar a 55 residentes y a130 pacientes de forma ambulatoria. «La lepra es perfectamente curable en un plazo de seis a doce meses y con la aplicación de tres potentes drogas muy específicas», explica la doctora Pérez López. Lamenta «que seamos capaces de curar la enfermedad pero no su estigma». «Los pacientes siguen pidiéndonos que ocultemos su diagnóstico y el tratamiento a sus familias. Es muy lamentable en unas sociedades que han aprendido a convivir con el sida pero que mantienen a los enfermos de lepra estigmatizados y olvidados», denuncia la doctora.
Tratamiento efectivo
Desde los años ochenta del siglo pasado el efectivo tratamiento está garantizado y es plenamente gratuito para todos los casos declarados y que registra la OMS. Esta organización tiene suscrito un convenio con un gran laboratorio y una fundación japonesa para la fabricación y administración de las tres sustancias que, combinadas, curan la lepra: dapsona, rifampicina y clofazimina. Aún así, los expertos saben que no se comunican todos los casos en muchos países de África, India y Brasil, «para evitar ser señalados en este caso con el estigma del subdesarrollo», según sospecha el gerente de Fontilles, Manuel Amorós. «El problema es que si no se notifican los casos, no se fabrica la medicación que necesitan».
El diagnóstico de la lepra es sencillo y rápido. Es suficiente con una prueba de sensibilidad al dolor y la temperatura en las zonas del cuerpo donde aparecen manchas de piel seca, el primer síntoma de la afección. Si no se actúa, las consecuencias serán terribles. El bacilo de Hansen actuará sobre la piel o sobre los nervios, generando graves mutilaciones, inmovilidad e incapacidad. «Si se actúa antes no pasa nada, pero si no llegamos a tiempo, las secuelas no son reversibles», explica Monserrat Pérez. Al contrario de lo que se pensó durante siglos, la lepra es muy poco contagiosa y no se hereda. Para contraerla es preciso un contacto estrecho y frecuente con la persona infectada y en unas condiciones higiénicas y de alimentación deficientes.
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