Saltar Menú de navegación
Hemeroteca |
RSS | ed. impresa | Regístrate | Miércoles, 22 octubre 2014

null

27.01.09 -

Cerrar Envía la noticia

Rellena los siguientes campos para enviar esta información a otras personas.

Nombre Email remitente
Para Email destinatario
Borrar    Enviar

Cerrar Rectificar la noticia

Rellene todos los campos con sus datos.

Nombre* Email*
* campo obligatorioBorrar    Enviar
C uando al dejar Oreña divisamos las esbeltas torres de la iglesia de Cóbreces, teniendo como telón de fondo el impresionante macizo de los Picos de Europa, casi nos pasa inadvertido, que en la vaguada, recostado sobre la colina que asciende en dirección a la costa, esta Toñanes, al que sorprendimos un 28 de enero, celebrando la fiesta de San Tirso. Desde las primeras horas de la mañana en lo alto del pueblo, donde la vista se pierde entre verdes y azules, se viene disparando una abundante y ruidosa cohetería, llamada aquí, diana floreada, que a buen seguro, habrá echo, sino hablar, al menos gesticular, a los monjes trapenses que en su cercana abadía se habrán recordado de San Tirso, ante el madrugador maltrato a su silencio clásico. Después de una noche fría, cuya mejor confirmación, era la blanca escarcha que cubre la pradería, la mañana era soleada, y la temperatura sube en la vaguada a medida que nos acercamos al mediodía. Un paseo, por el tramo recuperado de una calzada romana, y la rápida ojeada, a varios edificios singulares, de arquitectura medieval e indiana, ocupo nuestro tiempo esa mañana, hasta que un toque de campana, reoriento nuestros pasos hacia la iglesia. El acto litúrgico en torno a esta festividad, dentro de su sencillez, reviste una gran originalidad. A la misa, donde adquiere notoriedad el ritual de los picayos, y el canto del agua, le sigue, la procesión por las calles más cercanas, orientando la imagen del santo, hacia los cuatro vientos, en todas las encrucijadas.
Después de la misa, el trasiego de vecinos, desde la iglesia, a la carpa, ubicada en la vaguada, fue total. Lo que nos esperaba , superó cualquier previsión. Al comenzar a cantar, las voces de la coral de Alfoz de Lloredo, detienen hasta el mas mínimo siseo. Los aplausos y los bravos se suceden, cuando entonan el himno de su comarca, y las mas sentidas y melancólicas habaneras, que comprimen el estomago y anudan la garganta, «mientras en el cuartel trompetas y tambores están tocando a diana». Al finalizar la actuación, vecinos y visitantes, puestos en pie y emocionados, despedimos a la coral, con un prolongado aplauso, mientras, por algún rostro, aun se batían en retirada, las ultimas lágrimas.
Opina

* campos obligatorios
Listado de comentarios
Vocento
SarenetRSS