«Yo sólo vengo a pasármelo bien», «¿yo? a reírme», «a bailar con mis amigas», «a tomar una copa». Ya. Y casualmente casi todas se llamaban María, los Josés eran abrumadora mayoría y todos pretendían ir 'de incógnito'. No contaban los 200 solteros -ahora se dice 'singles'- , que el viernes por la noche asistieron a la fiesta organizada en el Casino, que Santander es un pañuelo. «¡Ah! ¡Un amigo de mi padre!», exclama una antes de ocultarse detrás de una columna.
A primera hora de la noche, todos con su llave y todas con su candado colgado del cuello, entraban tímidamente en el salón, identificados con un número. Copita va, pinchito viene, que si tienes un mensaje del número tal, que si toca cita rápida... La cosa se fue animando, hasta tal punto que mujeres y hombres, jóvenes y no tanto, acabaron bailando ' la conga' y 'Paquito el chocolatero' y, poco a poco, algunas parejas abandonaron discretamente el Casino...
Las más atrevidas, las mujeres mayores de 50 años. «¿Que cómo lo tenemos para conocer hombres? ¡Fatal! En Santander no hay», aseguraban dos anónimas divorciadas de 54 y 58 años, que empeño sí que le ponen: «Para ligar hay que salir a cenar, a bailar, nosotras vamos al Amarras, al Palacio del Mar, a Torrelavega...», pero la cosa está difícil «porque cuando te haces mayor eres más selectiva».
Acodado en la barra con pose de duro, Manolo dice que Potes «de mujeres está muy mal», y para Santander que fue «a ver qué tal». De más lejos venía Mauricio, de Burgos, fumando un pitillo a lo Humphrey con mirada castigadora, «me han inducido a venir, estoy divorciado y pretendo conectar con gente y llevarme un buen recuerdo». Sin perder el tiempo, Andrés descubre que tiene una llave maestra, vaya filón, hasta abrió el candado de Miss Cantabria, Lucila Fernández, «¿ligar? qué va, yo esa etapa ya la pasé, sólo vengo a ver el ambiente», dice mientras busca a la próxima.
Y el candado se abrió
En una esquina, los treintañeros Mario y Gustavo dicen que se sienten un tanto fuera de lugar, «es que la gente es demasiado mayor», y lástima que los candados de las pocas jóvenes que había no encajaban con sus llaves. «Habrá que seguir probando», decía uno, «con lo bien que se vive así», le dice el otro, «pues a mí me gustaría tener una relación», admite el primero. Dan ganas de pedirles que vayan al fondo, donde tres chicas muertas de la risa y la vergüenza otean el panorama mientras juran que a partir de los 30 «está horroroso encontrar chicos». ¿Por qué? «porque o son frikis, o gays, o están casados o son unos raros». Muy puntillosas ellas, repasan al hombre ideal: «buena persona, trabajador, que tire de la cisterna, sea limpio...». Viene uno, prueba la llave con una de las tres y... Zas. Se abre. De pronto la chica desaparece entre la multitud y el pretendiente se queda con el candado en la mano, busca que busca. «Es que lo principal es tener filing», explicaban las amigas.
Los argumentos de los hombres difieren poco. Para ambos sexos los asuntos del amor, superada cierta edad, se vuelven galimatías. «Hoy aquí no nos comemos un rosco», señalan Yolanda y Lorena, dos rubias estupendas que observan con desdén que las mujeres «somos abrumadora mayoría». Aparece en escena Manuel, palentino de 53 años, otro con un candado sin dueña, «sácame una foto, que me vean en mi pueblo», dice. Al lado, un par de mujeres reflexionan: «Dicen que estar soltero está de moda, es posible, en estos tiempos que corren el que no está separado, está divorciado, vive solo...» y piensan que la mejor manera de terminar la fiesta sería «conocer a alguien para los fines de semana, y cada uno en su casa».
«Mi hombre ideal es sincero, honrado, con sentido del humor y a la vez serio», cuenta otra, una fórmula que tal vez halle en alguno de los candidatos de la mesa dispuesta para la 'cita rápida'. Las mujeres en una fila y los hombres en otra, hablan cinco minutos y cambian de partenaire hasta encontrar, si aparece, al ideal. Al fondo se vislumbra una conversación interesante, dos que se arriman, se apuntan en las tarjetas sus números, parece que sí...
Las organizadoras, de la agencia Rumore, estaban ayer encantadas con el resultado, «hubo mucho ligoteo, se formaron parejas y grupos de amigos, todo en un ambiente muy divertido». Tan bien salió todo que pronto organizarán otra, «pero esta vez por grupos de edades».