Saltar Menú de navegación
Hemeroteca |
RSS | ed. impresa | Regístrate | Viernes, 25 mayo 2012

null

17.02.09 -

Cerrar Envía la noticia

Rellena los siguientes campos para enviar esta información a otras personas.

Nombre Email remitente
Para Email destinatario
Borrar    Enviar

Cerrar Rectificar la noticia

Rellene todos los campos con sus datos.

Nombre* Email*
* campo obligatorioBorrar    Enviar
Escribo de España porque me duele
JOSÉ IBARROLA
Ante los momentos de desencanto y decepción, inmersos en una grave crisis económica y social a nivel nacional y mundial, parece oportuno, mediante unas breves pinceladas, rememorar algunas fases de nuestra historia, en donde surgieron pensadores y políticos que ante el estancamiento de España propugnaron soluciones para resolver algunos de sus graves problemas.
'Escribo de España porque me duele'. Ese era el lema que reflejaba el sentir de los ilustrados españoles del siglo XVIII, que pusieron de manifiesto los males que aquejaban a nuestro país, proponiendo una serie de medidas para remediar su situación, a fin de salir de su inmovilismo económico, educacional y social, innovaciones que Carlos III, el déspota ilustrado, apoyó desde la cúspide del poder. Cuatro fueron las generaciones de ilustrados principales impulsores de ese reformismo, como analiza Reglá Campistol, auspiciado por el soberano, encabezadas por el benedictino, Padre Feijóo, generaciones de las que formaron parte, también, entre otros, Mayans, Flórez Estrada, Campomanes y Cabarrús. La última generación fue la de Melchor Gaspar de Jovellanos.
En el Congreso de Viena de 1815, España pasó de ser una potencia hegemónica a ser una potencia de segundo orden, a pesar de de haber sido el primer país que derrotó a Napoleón. Las nefastas gestiones diplomáticas de Pedro Gómez Labrador, durante el reinado de Fernando VII, bien pudieran ser las causas de esa relegación del otro tiempo poderoso Imperio español.
Por otra parte, el desastre de la guerra de 1898 supuso para 'la generación del 98' una decepción acerca del papel de nuestro país en el concierto internacional y no sólo por la pérdida material de las últimas posesiones de Ultramar: Cuba, Puerto Rico y Filipinas, sino también por el significado moral de esa derrota, que hizo que los intelectuales y políticos de la época analizaran las razones de la decadencia de España.
Los regeneracionistas y los componentes de la Generación del 98 escudriñaron ese declive español que vivía de espaldas a la realidad, anclado el país en su periclitada grandeza de otros siglos, sin percatarse de la necesidad de modernizar la mentalidad y las estructuras de la nación. En ese contexto de la adopción de urgentes medidas 'al problema de España' unos fueron partidarios de abrirse a Europa y otros de replegarse y buscar las soluciones en el interior. Esta segunda opción es la que más preocupó a los miembros de la Generación del 98, según reseña Jover Zamora.
Los primeros reflexionaron sobre esos motivos de decadencia, poniendo de manifiesto algunas deficiencias del régimen canovista, como la oligarquía y el caciquismo, así como la frustrada política, causante de la pérdida de las provincias de Ultramar. Ante los males de España propusieron fomentar la educación en todos los ámbitos y adecuar el país a la realidad de su tiempo, a través de sucesivas reformas en diversos sectores (economía, sociedad, infraestructuras etc.).
Joaquín Costa, el más eminente regeneracionista, fue el principal artífice de esta tendencia, que denunció ese deterioro con dos de sus obras de gran repercusión: 'Colectivismo agrario en España' y 'Oligarquía y caciquismo como la forma actual de gobierno en España'. Los principales integrantes de la Generación del 98, fueron, entre otros, Azorín ( autor de la denominación de la Generación del 98), Pío Baroja, Antonio Machado, Valle Inclán y Unamuno. Mostraron su pesimismo por la trayectoria que había seguido nuestro país y rechazaron la política obsoleta que fue la que originó el atraso de España. En ese sentido, trataron de indagar nuestras raíces y propusieron medidas alternativas para superar esa paralización.
Actualmente, con decepción y preocupación, asistimos a una situación en la que el país se encuentra inmerso en una situación económica y social, que parecía impredecible, con una connotación mundial. Nadie, 'ni los más avispados' (excepto casos muy aislados), aunque privilegiadamente tuvieran acceso a determinados datos, podían imaginar esta grave crisis de paro y recesión, nos hace reflexionar el por qué hemos llegado a este momento, en una sociedad que parecía caminar bajo los signos de la sociedad del bienestar, en una Europa que podía presumir de una bonanza económica. Todo este panorama ha dado un giro de 180º y se ha demostrado que los cimientos de la economía mundial se han resquebrajado, debido a la especulación y a la carencia de transparencia de algunas entidades financieras, que en lugar de de velar por los intereses de sus inversores han especulado hasta la saciedad, dejando en entredicho su solvencia y ética.
Por otra parte, los españoles ante esa coyuntura tan adversa, con tantas ramificaciones que lamentablemente afectan al poder adquisitivo de la mayoría de familias y personas, debemos analizar que no hay otra salida que la de seguir confiando en nuestro sistema democrático, en el conjunto de aquellas personas honestas, trabajadoras y competentes, que forman parte de las diferentes opciones políticas que libremente podamos elegir. Esperamos que los recientes acontecimientos, protagonizados, excepcionalmente, por determinadas personas relacionadas o no con la vida pública, que han propiciado tanto desencanto, sea un fenómeno aislado y podamos seguir manteniendo la esperanza y la ilusión, en que la democracia es 'el menos mal de los males', como tantas veces han puesto de manifiesto los ideólogos y tratadistas de la teoría política.
Opina

* campos obligatorios
Listado de comentarios
Vocento
SarenetRSS