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26.02.09 -

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Sin que viniera a cuento, el otro día me soltó mi chaval que pensaba vivir conmigo siempre y que no tenía que preocuparme para nada por mi futuro. Tras la frase caí en un silencio de bajón que me llevó de inmediato a jamarme la cabeza durante buen rato, y desear que los planes económicos del Gobierno den sus frutos y que la senda del empleo se recupere pronto por el bien de los hijos y especialmente de los padres. Un matrimonio me lo relataba no hace mucho así: «le hemos dicho al niño que ya va siendo hora de que piense en formar su propia familia porque lleva diez años saliendo con la novia, y nos ha contestado que de eso nada, que dónde va a vivir él mejor que con mamá y papá».
A plato puesto, la ropa lavada y sin ninguna otra responsabilidad doméstica, cualquiera pone hoy pies en polvoros. La oferta en casa de los viejos es más que suculenta. No hay entrada fija por la noche (se dispara con los fines de semana), y lo que ganas con tu trabajo es lo que supuestamente ahorras para la compra futura de piso que algún día te de la independencia. Impera también mucho ese caso del hijo que ya tiene hipoteca y casa amueblada, pero que frecuenta como restaurante de referencia la casa de mamá e idem para llevar la bolsa de la ropa que se recoge una vez lavada y planchada como si se tratara de piso-lavandería. Los padres se dejan, todo sea por los hijos, y éstos últimos le echan un rostro que amenaza con extenderse a los más pequeños.
Con crisis o no, esta dependencia hacia papá y mamá, sobre todo hacia mamá, siempre ha existido. Aparece hasta en los anuncios de televisión. Viene el hijo a comer casa, se zampa medio pollo, se lleva a su casa el otro medio, y encima le tienes que lavar el taperware que ha traído para meter dentro lo que pille. De paso, te ha dejado como recadito la bolsa llena de ropa sucia. La próxima vez que regrese sin previo aviso se la llevará y te dejará más camisas para planchar. Les seguimos educando, especialmente a los chicos, así. No saben que la tapa de la lavadora es redonda ni mucho menos cómo se abre. Para muchos de ellos, como en casa de papá y mamá, no se vive en ninguna otra parte. ¡Ya!
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