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RSS | ed. impresa | Regístrate | 18 marzo 2010

Cantabria General

CANTABRIA

De cada mil cántabras, 36 llevan ese nombre, el más común entre las mujeres de la región, donde la inmigración ha introducido últimamente aire fresco al nomenclátor

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Mi madre se llama María del Carmen
Miles de volúmenes en el Registro Civil de Santander. / CELEDONIO
Qué oportunidad la de Manolo Escobar. Sonaba en 1960 aquello de 'Madrecita María del Carmen, hoy te canto esta bella canción...', que tantas copias habrá vendido como protagonistas hay. María del Carmensigue siendo el nombre mayoritario entre las mujeres de Cantabria y, según las estadísticas del INE, se supone que todas son ya 'madrecitas', abuelas y hasta bisabuelas, pues lideró las listas de los registros civiles desde los años 30 hasta los 60 del siglo pasado. Tanto que hoy en día, de cada mil cántabras, 36,3 así se llaman. Maríale va a la zaga (22,3) y, a distancia, se sitúan otros clásicos como -por este orden- María Ángeles, María Pilar, Carmen a secas, María Teresa, María Luisa, Ana María...
De nombres femeninos compuestos está Cantabria llena, una moda que murió en los años 70, década en la que María del Carmen bajó al cuarto puesto del 'top ten', en favor de María (líder entonces, con 24,3 por cada mil mujeres), Martay Mónica.
En cuanto a los varones, ¿quién no conoce a un Manolo? 28,3 cántabros de cada mil se llaman como el Escobar, seguido de cerca por José Luis (24,4 de cada mil), Antonio (20,8), José, José Antonio, Jesús, Ángel y, de nuevo, aparece la variante compuesta más famosa del primero, José Manuel(18,8 de cada mil).
Todavía no se ha hecho el recuento de los niños y niñas inscritos en 2008, pero todo indica que seguirá la tendencia de los primeros años del siglo XXI, en los que Lucía (líder desde el año 2000) y Pablo (el más elegido desde la década de los noventa) ganan por goleada. Que sepan los padres que si así deciden nombrar a sus hijos es muy probable que en el cole tengan que distinguirlos por el apellido. De los 2.702 niños inscritos en 2007, figuran 99 Pablos. Nada originales son tampoco Daniel, Adrián, Diego, Hugo, Álvaro o Alejandro (los siguientes más comunes). En cuanto a las niñas, Lucía sigue llevándose la palma, al haber 119 de las 2.586 niñas inscritas ese año. A distancia le siguen Paula, Daniela, María, Laura, Claudia y Adriana. Las jóvenes Lucías son tantas que ya figuran en el cómputo general de los nombres femeninos más frecuentes en Cantabria, en todas las edades, (en el puesto 19, entre Ana y Rosa María), lo mismo que los Pablos (puesto 18, entre Pedro y Luis).
Curioso mundo ese de los nombres, que a algunos progenitores provoca quebraderos de cabeza y a otros, por lo que parece, todo lo contrario, y llaman a sus niños en función de la presunta moda del momento o el primer palabro que se les ocurre. Hay normas que rigen para los súbditos españoles, pero no para los extranjeros, que hacen valer su libre albedrío y llenan el anecdotario del Registro Civil. Cuenta una funcionaria de Santander el caso de la pareja latinoamericana formada por, agárrense, Gioconda y Supermán, que allá que fueron a inscribirse como matrimonio. Qué sesuda la elección de los padres de ambos. Si estas líneas leen, nos encantaría saber cómo han llamado a sus hijos, si ya los tienen, y si acaso Spiderman se les ha antojado, porque nada ni nadie se lo habrá impedido. «Los extranjeros se rigen por su ley personal, declaran el nombre en el Registro Civil y luego lo deben comunicar a sus respectivos consulados o embajadas», explica Carlos Alonso, oficial del Registro Civil de Santander, que asegura que ecuatorianos y peruanos son los que eligen los nombres más raros. De por allá son los padres de los niños Cindy Tatiana, Lady Vanessa, Yimi Yoni-escrito tal cual, causa furor en Perú-, Maikel Jackson -apellido aparte-, pues tampoco se les exige que respeten la grafía correcta. Rizan el rizo los ecuatorianos otavaleños, con un estupendo Ñusta Yarina como uno de los nombres predilectos para las niñas.
En las mismas oficinas, se tramitan los expedientes de parejas casadas en sus países de origen para legalizar sus matrimonios en España. Muy pronto llegará el papel a Wilmer Fredyy Lilia Amelia, a Ediardo y Sylwia Julitta, y a Didier Arnoldo y Nayibe del Pilar.
Así está el patio entre los inmigrantes sudamericanos residentes en Cantabria. Los magrebíes se repiten mucho más: Mohamed, Ahmed, Rachid, Fátima y Rachida son los más comunes. Entre los africanos francófonos, destacan Philippe oAndré, y, los anglófonos, Sally o John. Entre los congoleños, senegaleses o tanzanos inscritos destaca por encima de todos Mamadou, además de Pape, Mor o Aminata, entre otros. «La mayoría suele poner nombres de acuerdo con la tradición de sus respectivos países en materia de nombres, que a nosotros nos pueden resultar más chocantes o raros», cuentan en el Registro.
Todos al Registro Civil
Cuando un niño viene al mundo, debe ser inscrito en el Registro Civil en el que se produjo el nacimiento o en el que los padres estén empadronados. Es obligatorio que hayan transcurrido 24 horas -para que la criatura sea considerada persona humana a efectos jurídicos- y se deja un plazo máximo de 30 días para cumplir con el trámite. «Antes era más frecuente que a alguien se le olvidara registrar a su hijo, ahora con los 2.500 euros es más raro», deducen en el Registro Civil de Santander. Otra de las normas es que si los padres están casados puede ir a declarar el nacimiento cualquiera de ellos pero, si no lo están, se exige la presencia conjunta y en unidad de acto de ambos.
Aunque rige un principio general de libertad de elección de nombre, que corresponde a los padres como titulares de la patria potestad, tiene sus límites, y así constan en el artículo 54 de la Ley de Registro Civil: no se puede usar más de un nombre compuesto ni más de dos simples, quedan prohibidos los nombres que objetivamente perjudiquen a la persona, los que hagan confusa la identificación y los que induzcan a error en cuanto al sexo. No puede imponerse el mismo nombre que ostente un hermano a no ser que hubiera fallecido.
Con la modificación de esta ley en 2007, quedan permitidos los diminutivos y las variantes familiares y coloquiales, que ya se usan en Cantabria, «como Nel, Gelo o Pancho», cuentan. Olvídense los que pretendan, por muy bíblicos que sean, llamar a sus hijos Caíno Herodes, «por sus connotaciones negativas», y tampoco podrán inscribirse nombres extravagantes, «Floripondio, descartado».
Muy de aquí
En Cantabria comienza a notarse una onda patriótica que se traduce en la elección de nombres autóctonos, tanto mitológicos (Anjana), como históricos (Laro y Lara). No hay, hasta este momento, ningún Corocotta circulando por el territorio de influencia del partido judicial de Santander. Hay, además, nombres geográficos femeninos (Deva, Iruz) y otros marianos como Puerto, Valvanuz...
En una mañana muy reciente, acudieron cinco padres a inscribir a sus hijos en el Registro Civil de Santander. Un matrimonio hindú escogió Robin para su retoño y otro cántabro se decantó por Denis. Más tarde, llegó Adolfo Isla, a registrar a su pequeño como Adrián, elegido por la hermana, Ángela, entre una batería de nombres propuestos por sus padres entre los que figuraba Gerard como alternativa. Más tarde, Alberto de Pablo anotó a su bebé como Mario, después de muchas dudas entre Eric y Aarón -los favoritos de la madre-, y Marco, Lucas y Quintín -opciones del padre-. Y un romántico viaje sirvió a Óscar Gutiérrez para elegir el nombre de su primogénita, Yaiza, igual que el pueblo donde se alojó con su mujer en Lanzarote.
Si estos bebés, cuando dejen de serlo, aborrecen su nombre, existe la posibilidad de cambiarlo en el Registro Civil, siempre que sea por causa justa y no «un mero capricho». Pobrecita Cristeta, que con esa cruz de nombre llegó a estas oficinas implorando una solución. No hubo discusión, claro.
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